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PÓLITICA

Hacia la democradura: ¡transformación o muerte!

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Por Julieta Lomelí / @julietabalver

El pueblo siembra, mientras el burgués come, ¿y el gobernante?

En Tecnologías del yo, Foucault narra la forma en que los primeros maestros griegos formaban a sus discípulos: los hombres que custodiaban la educación no eran meros repetidores de teorías, ni tampoco hacían de sus discípulos alumnos pasivos que, sentados frente a un sabio, se concentraran en la mera recolección de información o en la emulación de ideas ajenas. Los maestros griegos se convertían en una autoridad que no soslayaba lo práctico en aras de la transmisión teórica de conocimientos. La docencia era así la enseñanza no solo de una forma de reflexión, sino también de una praxis para la vida, que iba desde aprendizajes técnicos hasta una formación psicológica o terapéutica para que el alumno tuviera la capacidad de lograr “una vida feliz y autónoma”, una a la que llegaría a través de las sugerencias de su mentor.

La figura del mentor fue muy importante, porque implicaba también una complicidad de vida con el discípulo en el más amplio término, así que no había ninguna escisión entre volverse eruditos, en el sentido de acumular información y apropiarse de cierto grado de cultura, y volverse buenos en el trabajo u oficio que habrían de desempeñar en la vida. Empero, y eso es verdad, no todos tenían acceso a una educación tan meticulosa o a mandar traer de lejanas tierras al mejor mentor para sus hijos, pero lo que sí vale la pena enfatizar es que en algún sentido el adquirimiento de técnicas no estaba conflictuado con la idea de volverse sabios en un sentido intelectual.

Es en la Edad Media cuando esta idea de paideía como apropiación de contenidos, de información, de historia de las ideas ajenas, pero también de contenidos prácticos, técnicos, así como psicológicos y morales para la vida empezó a perderse. La educación moral quedó en manos de la institución eclesiástica, el cristianismo permeó la educación de las masas dosificando los contenidos y orillándolos hacia la asimilación de imperativos morales, antes que a cultivar la reflexión autónoma de los individuos. Mientras que una población muy mínima accedía a otros contenidos, sabía leer y escribir y se convertía en los sabios de los pueblos.

Eran hombres alejados de las faenas prácticas, de la labor del campo, y que concentraban toda su atención en estudiar. Generalmente también estaban recluidos en conventos, por supuesto que vivían más cómodamente, pero no era bien visto que se volvieran hombres de familia.

Es en ese momento, pienso, cuando comienza a escindirse la idea de la formación integral de los individuos, quienes o se dedicaban a la siembra, a la recolección y al trabajo físico duro, e ignoraban el porqué de los fenómenos a su alrededor; o eran hombres de letras, que ignoraban lo que sucedía en la realidad de los demás, de los pobladores más pobres que en ese momento eran una mayoría, pero también se despojaban de sus propios afectos desconociendo qué pasaría con ellos mismos si, por ejemplo, hubieran sido más doctos en la faena del amor.

El discurso maniqueo entre el campesino pobre que siembra y recolecta las mieles de su cosecha en tierras ajenas, y el burgués que dedica su vida a estudiar, recibiendo los parabienes de rentar sus tierras para que el campesino tenga qué comer, pero sin jamás llegar a bajar sus gafas para hablar con él, es una realidad de siglos, que poco a poco se ha ido volviendo también una retórica que polariza el discurso político en democracias populistas de la última centuria.

Sin ánimos de disuadir, hago el siguiente comentario.

En la Alemania del nacionalsocialismo, el discurso de odio era hacia los privilegiados de la época, en su mayoría judíos, esos grandes banqueros que habían adquirido una buena educación y, por tanto, se volvieron dueños del capital; mientras que los hombres y mujeres originarias de Alemania, la mayoría campesinos, no tenían grandes posibilidades de volverse ricos, ni de llevar la vida cosmopolita de los primeros, a quienes Hitler pensó extinguir. Quizá hubiera sido mejor una estrategia que empoderara a los ciudadanos alemanes por medio de la educación, y no un discurso de odio que intentara hacer del conocimiento (sí, quizá sí derivado de privilegios privados) la causa del mal y la pobreza del país germano.

Cuando un Estado rompe con la idea de paideía, cuando escinde la educación en algo que solo forma a sus ciudadanos o en contenidos prácticos y técnicos, o que solo se concentra en el empoderamiento intelectual, se provoca, desde la trinchera del poder, la división de la población en obreros y bienpensantes. Al tiempo también se fractura la consciencia del individuo, quien, con una educación más integral, que no desprecie ninguno de los ámbitos que constituyen la complejidad de su día a día, quizá también se empodere y se dignifique al empleado futuro haga lo que haga.

Porque si lo pensamos bien, los grandes líderes del mundo han tenido siempre una educación integral, una que no los vuelve en absoluto similares en oportunidades ni en óptica a ese pueblo sumido en la ignorancia. Aunque desde el autoengaño convenga a esos líderes persuadir a su pueblo que entre ellos y él no hay mucha diferencia, haciéndose para sí mismo más fácil el camino, entre menos educación más fácil es complacer y controlar a un pueblo. Porque el poder que da el conocimiento, el empoderamiento del individuo por medio de una educación integral lo vuelve más exigente y, por supuesto, menos sumiso ante quienes lo gobiernan.

Las contradicciones de la polarización

La polarización es un síntoma de una democracia, más que plural, desgastada por la multiplicidad de opciones, como un recurso que unifica las posibilidades en una lógica dualista entre buenos y malos. La polarización es una de las estrategias más primitivas que se ha venido usando a lo largo de los siglos para dividir y vencer, desde la economía moralizadora de las virtudes griegas hasta el control de los pueblos medievales lograda con la propedéutica religiosa entre herejes y fieles, entre pobres y avaros, entre partidarios y opositores. La polarización es una de las mejores armas de control social, siempre y cuando logre dar el tránsito desde esa efervescencia social hacia nuevas formas de poder o hacia la restructuración de viejos modelos políticos. De lo contrario, la polarización solo templa la atmósfera, haciendo hervir el malestar para finalmente disolverse en violencia o en estallamientos civiles.

Ahora bien, la polarización es un síntoma muy visible en las democracias contemporáneas, y no es raro que se vuelva la estrategia mediática para debilitar y fragmentar —desplazando al lado “incorrecto” de la historia— a aquellos ciudadanos que se oponen abiertamente a sistemas populistas. En este sentido, populismo y polarización caminan juntos, al menos en una actualidad que parece necesitar de líderes cada vez más autoritarios —aunque carismáticos— ante la orfandad de una democracia representativa inteligente y sólida. Mesías simbolizados en un fuerte paternalismo que desde la silla del poder dictan qué es deseable y qué es absolutamente condenable hacer y creer.

Las democracias que se orillan insalvablemente hacia el populismo van fincando así, con la ayuda de una retó rica polarizada, gruesos cimientos de autoritarismo que en un futuro se verán alejadas del bien común para parecerse más bien a dictaduras disfrazadas de democracia.

Ficciones, entre la vox populi y sus voceros mesiánicos

Varios autores sitúan en la elección de Donald Trump como presidente del gran imperio, la fecha simbólica en la que el populismo contemporáneo mostró las contradicciones que es capaz de unir en una sola figura populista. Trump fue la figura de oposición frente al establishment de la clase política, “representaba” los intereses del pueblo norteamericano, estos que no eran valores de izquierda, sino que estaban regidos por antivalores racistas y por esa idea de que “lo americano” debía ser defendido frente a lo otro que no lo era, por cierto, eso otro, una mayoría en un país de migrantes. Trump también es la figura del “ciudadano común” pero excepcional, porque el ciudadano común norteamericano está lejos de ser un millonario y exitoso empresario que ha sabido burlar las leyes fiscales. Trump también es la prueba de que la ignorancia y la falta de cultura no solo pueden ser característica de las clases más pobres, sino que, más allá de un tema de dinero, es un asunto, al menos en este siglo, de disciplina y voluntad. El expresidente de Estados Unidos era un hombre de la clase económica más privilegiada del país, pero no por ello era el icono de un hombre de ciencia, ni del gran sabio o intelectual que haría de la educación una prioridad pública.

En este sentido, los populismos contemporáneos no tienen ninguna regla, ni parecen seguir reglas claras.

Pueden tener pretensiones de “izquierda”, pero comportarse en la realidad como regímenes neoliberales pero evangelistas, retóricamente abiertos a las críticas, pero señalando con desprecio a la primera oportunidad a sus detractores; humanistas en retórica, pero transgresores de las libertades individuales en la práctica. Los populismos de izquierda en América Latina crecen sin mucha resistencia, por ello mismo son populismos, porque cooptan a sus seguidores en el momento más oportuno, cuando la democracia ha fallado y los representantes del pasado han resultado decepcionantes una y otra vez.

Aunque el populismo es un régimen que, como la humedad, va empapando las democracias del mundo rápidamente, ello también resulta muy contradictorio, porque pareciera de inicio ser la opción de una democracia distinta representada al fin por un líder o un grupo de líderes que, en apariencia, será como la mayoría de los ciudadanos, de ese pueblo al que precisan gobernar, pero que a pesar de la insinuación de ejercer un poder más horizontal, el líder populista que toma las riendas de un Estado, como escribiría José María Lasalle, “resignifica sus presupuestos y modifica sus bases y fundamentos conceptuales mediante un giro autoritario que verticaliza la relación con el poder […] a una nueva mutación que se declina probablemente como una democracia personalista, directa, polarizada e inmediata”.

El populismo triunfa porque identifica a sus líderes con un discurso que enaltece el desgaste de las democracias del pasado, pero lo hace como lo haría cualquier ciudadano herido desde un discurso pasional y reaccionario. Discurso que estalla ante la ineptitud de los representantes de ayer, y que pone en duda la eficacia de seguir votando y abogando por las democracias del pasado, pero que, al mismo tiempo, y paradójicamente, esa “multitud acechante y decepcionada, reclama ser gobernada a golpes de autoridad y sin más limitaciones que el alcance de la seducción populista de sus líderes”.

Los populismos ya se imponen como la metástasis de las próximas décadas, crecen impredecibles y son excepciones a cualquier regla, no podemos rastrear con exactitud en qué momento un Estado liberal se convertirá en un estado de excepción, en un gobierno sitiado, en una “democracia” que ha dejado de ser democracia desde el ejercicio de la democracia: gracias al voto de una mayoría ciudadana que ha caído ante el carisma de un líder que, después de tomar el poder, ha enloquecido.

Sin embargo, no todo está perdido, porque en los populismos siempre podemos ver una regla invariable, un hilo invisible que recorre a todos sin excepción, uno que sí sabemos mirar con antelación, entenderemos que es el que une todas las incongruencias que un Estado populista pretende hacer confluir como lógicas: el discurso polarizado. La polarización y los populismos siempre van de la mano. La polarización es esa estrategia de guerra tan peligrosa que ayuda a empoderar a los líderes populistas mediante la división y el odio entre unos y otros. La polarización es la chispa que incendia y fragmenta a los pueblos, para finalmente ganar adeptos y extinguir a la oposición: “o estás conmigo o estás contra mí”, “transformación o muerte”.

Hay que aprender a darse cuenta a tiempo cuando un líder populista pierde los estribos ostentándose como un mesías, usando el disfraz de —como escribió Lasalle— “un líder redentor que ofrece una visión que da sentido frente a la inseguridad, la incertidumbre, la precariedad o la división”. Pero que terminará por confundir a sus discípulos, volviéndolos creyentes o herejes de esa religión que el nuevo mesías ha fundado: “una democradura, una forma política posmoderna que fusiona la democracia y la dictadura mediante un gobierno esencialmente iliberal que, sin embargo, mantiene el aspecto exterior de una democracia”.

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La primera guerra por el agua es en México

En el norte del país se libra una batalla silenciosa, entre los Yaquis que defienden su territorio, la escases del agua, los cárteles del narco, la violencia, los homicidios y la desidia de un gobierno para poner un alto a lo que ocurre en todo Sonora.

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Escuchamos la palabra guerra e inmediatamente pensamos en Yemen, Mosul o Somalia, la gente se lamenta por las víctimas y firma peticiones, pero hay una guerra que se vive en México y que nadie voltea a ver.

En el norte del país los pueblos Yaquis están viviendo una guerra que puede ser el inicio de algo muy grande. En 2015, la BBC llamó a estas comunidades “los combatientes de la primera guerra por el agua”

Los Yaquis es uno de los grupos étnicos más representativos y aguerridos del norte de México. Sus pueblos se encuentran en una zona caliente por las altas temperaturas que rebasan los 30 grados y por la violencia que atraviesa la región, pues su ubicación es estratégica en el trasiego de drogas.

Los habitantes de los pueblos Cócorit, Loma de Bácum, Tórin, Vícam, Pótam, Rahum y Huirivis, llevan siglos acostumbrados al clima árido, pero actualmente esta atmósfera es más difícil de sobrevivir con la falta de agua y la tasa de homicidios en Sonora que es casi veinte puntos mayor que la media nacional.

Guaymas, Empalme y Cajeme son los tres municipios con la tasa de homicidios más alta del estado y Ciudad Obregón, la cuarta ciudad más peligrosa del mundode acuerdo con el último listado del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal.

Es un estado inseguro para defender el medio ambiente y según los datos que recabó el Centro Mexicano de Defensa Ambiental, entre 2012 y 2018, fue la segunda entidad en registrar más agresiones a activistas ambientales.

Basta recordar que el 13 de mayo, en medio de las campañas electorales –y a plena luz– asesinaron a Abel Murrieta, candidato de Movimiento Ciudadano a la presidencia municipal en Cajeme. Por si fuera poco, durante el mes de junio, asesinaron a dos yaquis defensores del agua: Tomás Rojo Valencia, quien llegó a ser vocero. Y a Luis Urbano Rodríguez, otro defensor, lo asesinaron a balazos al salir del banco en Ciudad Obregón, el 8 de junio.

La violencia en Sonora se manifiesta con especial fuerza en los municipios donde se encuentran los pueblos yaquis y eso ha provocado que líderes de la comunidad, que también son quienes encabezan la defensa del agua y el territorio, reciban amenazas e incluso sean asesinados, lo que aumenta la vulnerabilidad de sus comunidades.

Sonora reporta hasta el 31 de mayo de 2021 un estado de sequía extrema (categoría D3), que se caracteriza por la pérdida de cultivos, un alto riesgo de incendios forestales y un llamado generalizado a restringir el uso del agua. En otras palabras, no es que la violencia provoque la sequía, pero sí merma las defensas de un pueblo que ha pasado la última década bajo la amenaza de perder la poca agua que le queda.

Si el alza de la violencia no tiene que ver con el agua, ¿quién podría tener interés en amedrentar a los yaquis? Los yaquis declinan con amabilidad las entrevistas diciendo que “no son voceros autorizados” o confiesan que les da miedo hablar y motivos, les sobran.

La ruta del narco

Ahora bien, el interés del narcotráfico en esta región no tiene que ver con el agua, pero sí con la geografía. El año pasado, el periodista Bernhard Buntru publicó el reportaje “La ruta del narco” en el regiomontano Código Magenta. Ahí hace un análisis territorial de los sitios donde se concentraban los decomisos y enfrentamientos en distintos estados del país.

 En el caso de Sonora, la Carretera Federal 15 es la joya que los cárteles se disputan, porque va de la Ciudad de México, pasa por todo el Pacífico y llega hasta Nogales, en la frontera con Estados Unidos. Atraviesa los municipios de Empalme, Guaymas y Cajeme y, en este último, cruza Vícam, uno de los ocho pueblos yaquis.

De acuerdo con el trabajo de Buntru, la Fiscalía General de la República (FGR) reportó que, de los 104 narcotúneles asegurados en esta zona entre 2000 y 2018, la mitad estaba en Sonora.

“La Carretera Federal 15 conecta con el puerto de Guaymas, uno de los puntos principales de entrada de droga, junto con el puerto de Lázaro Cárdenas en Michoacán”, explica Buntru en una entrevista concedida a la Revista Gatopardo y añade que “hay decomisos prácticamente mensuales”. Tan sólo el 20 de mayo de 2021 se decomisó media tonelada de metanfetaminas.

La presa privada de Padrés

En 2010 el gobierno de Guillermo Padrés impulsó el acueducto Independencia, de 150 kilómetros de longitud, cuyo propósito es trasladar agua del río Yaqui al río Sonora, para llevar 75 millones de metros cúbicos de agua anuales a la capital sonorense.

“Sus promotores principales son los sectores inmobiliario, comercial e industrial de Hermosillo. Los opositores son los agricultores del distrito de riego 041, miembros de la tribu yaqui y el Movimiento Ciudadano por el Agua”, escribió José Luis Moreno, profesor del Colegio de Sonora.

Ese mismo año, la falta de agua fue mayor por un derrame de sulfato de cobre en el río Sonora que ocasionó una mina de Grupo México y que afectó directamente al municipio de Hermosillo.

El trasvase de agua del río Yaqui para la capital se volvió esencial. Ese mismo año se descubrió que el gobernador Padrés tenía una presa privada –Rancho Pozo Nuevo– que acaparaba agua, mientras él utilizaba el discurso de la escasez para avanzar con el proyecto del acueducto. En 2015 dinamitaron la presa y también la carrera de Padrés, a quien posteriormente acusaron de operaciones con recursos de procedencia ilícita y delincuencia organizada. El exgobernador terminaría por entregarse a la justicia a finales de 2016 y seguiría preso hasta febrero de 2019, tras pagar una fianza de cien millones de pesos con la que consiguió la libertad provisional. Padrés continúa con un juicio pendiente por lavado de dinero por once millones de pesos.

Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui

Trinidad Ruiz, encargada de la Unidad Regional de la Dirección General de Culturas Populares en el sur de Sonora ha visto con sus propios ojos las carencias cotidianas de la región. “Recuerdo un día que estaban regando un trigo y se formó un charco y los niños fueron a bañarse. ¡Imagínate! Estaban felices, bañándose en el charco, sin importarles lo que traiga esa agua”.

El Instituto Mexicano de Tecnología del Agua y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales elaboraron un estudio, “Estimación y dispersión de contaminantes en el río Yaqui (Sonora, México); evaluación y riesgos ambientales”, donde señalan que hay concentraciones de metales pesados como plomo, mercurio y cadmio en dichas aguas.

El Sol de Hermosillo le dio seguimiento al estudio y entrevistó a la doctora Sofía Garrido Hoyos, que lideró el proyecto. El diario local publicó que el agua de los pozos tiene una alta salinidad por el uso de fertilizantes y que contiene glifosato, un plaguicida que la Organización Mundial de la Salud señala como “probablemente cancerígeno” y que deberá dejar de utilizarse en el campo mexicano, por decreto presidencial, antes del 31 de enero del 2024.

De acuerdo con Víctor Manuel Villalobos Arámbula, secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, 90% de las tierras de los yaquis se renta a los agricultores. Los medios locales señalan que el precio comercial está entre los cinco y seis mil pesos mensuales por hectárea.

La situación con los agricultores se tensó cuando el presidente López Obrador fue a Vícam a firmar el acuerdo para la implementación del Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui en agosto de 2020. Para esto, instruyó que se hiciera un análisis del estado de la posesión de la tierra y “saber quiénes están ocupando la tierra”; un hecho que los agricultores tomaron como una amenaza de expropiación. El decreto de este Plan se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 27 de octubre de ese mismo año. En ese documento se habla de la creación de una comisión que tendrá, entre sus funciones, “investigar y realizar trabajos técnicos e informativos, encaminados a analizar la situación jurídica y social que guardan las tierras, territorios y aguas del pueblo yaqui”.

Se ha llegado a acuerdos como el de la creación del distrito de riego 018, que estará enteramente administrado por el pueblo yaqui, lo que servirá para incentivar que trabajen el campo que les pertenece en lugar de rentar las tierras.

El 15 de junio el presidente y el gobernador electo Alfonso Durazo se reunieron en Palacio Nacional. En las publicaciones de la prensa se dio a conocer que el tema central de las conversaciones con el futuro gobernador de Sonora fue la implementación del Plan, una prioridad para el presidente, pero no necesariamente para Durazo: en las más de mil páginas de su libro Sonora: propuestas para su transformación, que utilizó como plataforma electoral, sólo una vez hace mención al Plan de Justicia y se refiere a él como un asunto federal.

Aunque este esfuerzo federal es una esperanza para reducir las amenazas que hoy asedian al pueblo yaqui, el contexto no da tregua. La inseguridad sigue a tope, así como los efectos del cambio climático. La plaza sigue tan caliente que esperar a que el Plan de Justicia se pueda implementar es un privilegio del que pocos gozan.

En medio de todas estas ausencias –de agua, de seguridad, de Estado– sólo les queda lo dicho en el juramento que toman los oficiales yaquis cuando tienen su cambio de gobierno: “El cumplimiento del deber en el puesto que se te designe, allí quedarás para la defensa de tu nación, de tu pueblo, de tu raza, de tus costumbres”.

El mandato divino de resistir la sed, las balas y lo que venga.

Con información de Gatopardo

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¿En dónde entregas, neni? Las mujeres son bien chingonas

El sexo femenino vio a la pandemia como una gran oportunidad. Gracias a sus emprendimiento, la economía no se paró y se crearon diversas fuentes de ingresos.

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Algunos comportamientos machistas han llevado a burlarse de las micro empresarias y las han llamado despectivamente: nenis. Sí, a esas mujeres que se autoemplearon al vender diferentes productos a través de las redes.

Se trata de aquellas mujeres que debido a la pandemia perdieron su trabajo en una empresa, que se quedaron al cuidado de sus hijos, pues el papá decidió “ir por los cigarros y hasta ahora no ha vuelto”. Mujeres que ante la crisis laboral apoyan también al marido desempleado o algunas que no quieren depender de sus parejas.

Lamentablemente en México a las mujeres que deciden buscar alternativas laborales se les ve como si su esfuerzo valiera menos. Esta apreciación deriva principalmente del machismo y de los prejuicios de otras mujeres. Antes les llamaban “luchonas” y se les veía mal por los hombres porque era símbolo de una mujer que fungía el papel de mamá y papá, a la vez.

El sexo femenino vio a la pandemia como una gran oportunidad. Gracias a su iniciativa, la economía no se paró y se crearon diversas fuentes de ingresos. Frases como “¿En dónde entregas, neni?” y “Hoy cierro pedido, neni” se viralizaron en redes sociales. Muchas decidieron usar las plataformas digitales como principal herramienta para impulsar sus negocios. Ante las burlas generadas en redes sociales, las mujeres emprendedoras se apropiaron del término y le dieron un resignificado: Nueva Emprendedora de Negocios por Internet (Neni).

Más trabajo, pero menos empleo pagado

Cuando en México se declaró la emergencia sanitaria aumentaron las labores domésticas y carga de cuidados de los menores, adultos mayores o personas con discapacidad. Las mujeres pasaron de 20 horas de trabajo a la semana a 50, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

En nuestro país, la carga de cuidados y las labores domésticas no remuneradas equivalen a 5.6 billones de pesos, lo que representa el 22.8% del PIB nacional. A esto se suma la brecha salarial entre hombres y mujeres: en el cuarto trimestre de 2020, los hombres ocupados reportaron un ingreso laboral mensual de 4,633, y las mujeres de 3,777 pesos, según Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Además, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), publicada por el Inegi en enero de este año, indica que, hasta diciembre de 2020, nueve de cada 10 personas desempleadas son mujeres, quienes de hecho tuvieron una mayor incursión al mercado informal.

Fernanda Salazar Mejía, integrante de la Red de Politólogas y especialista en igualdad de género, explica que en el sistema económico en el que estamos, las mujeres y los grupos sociales más marginados son “reservas de fuerza laboral”; es decir, cuando el sistema económico las requiere son contratadas, pero se les paga menos, les dan menos beneficios y tienen menos oportunidad de crecimiento. Y cuando el sistema económico sufre crisis, esas “reservas” son las primeras en ser expulsadas.

El peligro de ser neni

La politóloga Fernanda Salazar destaca que es sabido que las mujeres tienen muchas más habilidades para desarrollar redes de conexión y comunidad, lo que les facilita llegar a más personas.

Pero, así como han logrado tejer estas redes de conexión y obtener ingresos, se enfrentan a riesgos a la salud y a su integridad, pues al no ser Amazon o grandes tiendas con entregas a domicilio, las emprendedoras se comunican a través de WhatsApp o redes sociales para concretar lugar, hora y fecha de entrega, muchas veces con clientes desconocidos.

En los primeros meses del confinamiento, mujeres que acordaban en una estación de Metro o Metrobús en la Ciudad de México para realizar las entregas, fueron tratadas, según sus propias denuncias, como delincuentes por policías que las obligaban a salir de las instalaciones bajo amenaza de llevarlas al ministerio público.

Pero son actividades de alto riesgo, catalogadas así por la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), en primer lugar, porque no cuentan con ningún derecho laboral ni seguridad social, y en segundo, porque son las más lastimadas por la crisis de salud y económica”, dice en entrevista.

Estas visitas para entregas son un factor de riesgo en términos de salud porque pueden contagiarse de COVID-19, y recordemos que son mujeres que no tienen seguridad social.

Con información de: Expansión

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Atrás quedaron las “horas nalga” en la oficina

El 12 de enero de 2021 en México entraron en vigor las reformas al Artículo 311 de la Ley Federal del Trabajo en materia de teletrabajo o home office.

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Antes de la pandemia, algunos de tus conocidos ya hacían homeoffice y tal vez te provocaba un poco de envidia estar en la comodidad del hogar realizando tus labores. Ahora que todos pudimos vivir la experiencia, ¿Cómo te fue?, ¿Pudiste realizar tu trabajo con calma?

Para algunos “Godínez” que estaban acostumbrados a la “hora nalga”, la dinámica resultó frustrante, pues el tiempo que se mantenían en conexión era dedicado específicamente para realizar actividades de la empresa. Atrás quedaron las visitas al cubículo de junto, el break para salir a fumar un “cigarrito”, la partida del pastel del cumpleañero y la hora de comida, que a veces se volvían dos.

La pandemia obligó a mucha gente a improvisar áreas de trabajo en casa, a comprar un escritorio y en algunos casos, una nueva laptop y paquetes de internet más costosos.

A más de un año de este cambio tan radical, parece que el homeoffice llegó para quedarse. Según una encuesta global hecha por Steelcase a 32 mil personas en 10 países indicó que más del 50% espera seguir trabajando desde casa por lo menos un día a la semana y que para muchas empresas el trabajo híbrido se convertirá en la norma después de que se levanten las restricciones de seguridad.

Empresas como Software DELSOL, situada en Mengíbar, se convirtió en enero en la primera de España en implantar la jornada laboral de cuatro días y casi un año después no solo ha continuado su crecimiento, a pesar de la pandemia, sino que ha aumentado la plantilla y mejorado las condiciones laborales de sus trabajadores.

Juan Antonio Mallenco, responsable de Comunicación y Relaciones Institucionales en Software DELSOL, explicó que el balance después de un año es positivo, y no solo han conseguido sus objetivos creciendo como empresa, sino que han reducido el absentismo laboral y ha aumentado el orgullo de pertenencia a la empresa, al igual que la captación de talentos.

En México, 6 de cada 10 empresas seguirán con el homeoffice, por tal razón el 12 de enero de 2021 entraron en vigor las reformas al Artículo 311 de la Ley Federal del Trabajo en materia de teletrabajo o home office y las obligaciones que tanto empleadores como trabajadores deberán cumplir.

Cabe destacar que las disposiciones son para aquellas relaciones laborales que se desarrollen más del 40% del tiempo en el domicilio de la persona trabajadora bajo la modalidad de teletrabajo o en el domicilio elegido por ellas.

Foto: Cortesía.

Entre las nuevas obligaciones para las empresas se encuentran:

  • Proporcionar, instalar y encargarse del mantenimiento de los equipos necesarios para el teletrabajo. Por ejemplo: el equipo de cómputo, sillas ergonómicas, impresoras, entre otros.
  • Recibir oportunamente el trabajo y pagar los salarios en la forma y fechas estipuladas.
  • Asumir los costos derivados del trabajo a través de la modalidad de teletrabajo, incluyendo, en su caso, el pago de servicios de telecomunicación y la parte proporcional de electricidad.
  • Implementar mecanismos que preserven la seguridad de la información y datos utilizados por las personas trabajadoras.
  • Respetar el derecho a la desconexión de las personas al término de la jornada laboral e inscribirlas al régimen obligatorio de la seguridad social
  • Promover el equilibrio de la relación laboral de las personas trabajadoras, a fin de que gocen de un trabajo digno o decente y de igualdad de trato en cuanto a remuneración, capacitación, formación y seguridad social
  • Se deberá observar una perspectiva de género que permita conciliar la vida personal y la disponibilidad de las personas trabajadoras

Mientras que las responsabilidades de las y los trabajadores son:

Tener el mayor cuidado en la guarda y conservación de los equipos, materiales y útiles que reciban del patrón.

Informar con oportunidad sobre los costos pactados para el uso de los servicios de telecomunicaciones y del consumo de electricidad, derivados del teletrabajo.

Atender las políticas y mecanismos de protección de datos utilizados en el desempeño de sus actividades, así como las restricciones sobre su uso y almacenamiento.

Con información de www.gob.mx

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