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OPINIÓN

Cuando Rueda vendió un reportaje en 2 millones de pesos

¡32 personas muertas valen un millón de pesos! ¡Eres un hijo de la chingada, puto Rueda!

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Por Zeus Munive Rivera

Fue en 2008 cuando supe por primera vez que Arturo Rueda vendía información y silencio a cambio de cantidades millonarias. Justo esa fue la razón por la que renuncié a la subdirección editorial de Cambio en junio de ese año y me fui de lleno a trabajar en la Revista 360° Instrucciones para vivir en Puebla, la cual ya va a cumplir 15 años el próximo noviembre. Pero vamos primero con el contexto, antes del escandaloso caso de corrupción.
El 4 de julio de 2007, un grupo de 32 campesinos viajaba en un camión en la Sierra Negra, en aquel municipio el cual es el más pobre del país, según las cifras oficiales. Un alud de tierra cayó sobre ellos. La noticia, por obvias razones, conmocionó a todos.
Pasaron meses y aún no se deslindaban responsabilidades. Un amigo que trabajaba entonces en la SCT que dirigía el marinista Rómulo Arredondo Contreras me buscó indignado y me citó en su despacho de abogado para darme una pila de documentos sobre la construcción de la carretera. Eran estudios de mecánica de suelos, dictámenes, y en todos se decía que no se debería construir ni un puente ni la vialidad, porque la tierra no aguantaría y se preveía una catástrofe.
Es decir, el gobierno de Mario Marín fue negligente, porque ya sabía que no se debía edificar una vialidad. Por lo tanto, para la administración estatal no fue una sorpresa la muerte de 32 campesinos. La obra se la encargaron al empresario Édgar Nava. En ese tiempo llevábamos publicando una serie de reportajes sobre su cercanía con Marín y con Javier García Ramírez, a la sazón el secretario de Obra Pública en ese gobierno.
Regresemos a 2008. Mario Alberto Mejía había renunciado a la dirección de Cambio, Rueda se quedó en su lugar, yo asumí la subdirección y en la jefatura de información se quedó Héctor Hugo Cruz.
Era un jueves por la tarde cuando llegué a la redacción del diario con mi pila de documentos. Se la mostré a Rueda y le señalé los puntos claves, los dictámenes y estudios, quién autorizó la obra que, en ese caso, fue Rómulo, y cómo la asignó a tres constructores, entre ellos Édgar Nava y otro de apellido Taylor.
Rueda abrió los ojos al ver la información. Periodísticamente era oro molido porque hubo negligencia, sabía el gobierno que habría accidentes y no le importó. Contrató la obra y había responsables.
Rueda me dijo que llevaría el caso al presidente Enrique Doger para ver qué estrategia se debería llevar a cabo. El viernes por la mañana se reunieron en la presidencia municipal, Doger y Alberto Ventosa. Le pidieron a Rueda que esa información se filtrara a medios nacionales.
Rueda llegó al periódico y me pidió que hiciera un resumen informativo, seleccionara los mejores documentos para escanear y que se lo llevaría a El Universal y a Reforma. Así ocurrió, me tuve que arremangar la camisa y a hacer el reportaje en fast track. La promesa fue que los tres medios lo llevaríamos el lunes. Aunque la información era mía, acepté porque en ese entonces los demás medios, cuando se trataba de Cambio y algo en contra de Mario Marín, callaban, denostaban y miraban a otro lado.
El tema no era menor: la muerte de 32 personas que se pudo evitar y no se hizo.
Rueda buscó a Salvador García Soto y visitó las oficinas de Reforma. El domingo ya había pulido mi reportaje y ya había preparado entrevistas sobre el hecho. Rueda llegó a la oficina y me pidió que aguantara un día más, que saldría el martes.
Quedé un poco desconcertado, pero creí en él. Me dio tiempo de pulir más la información y seleccionar mejores documentos de la pila de información que había recibido. Recuerden que me pidieron hacer un resumen claro y conciso en un día basado en muchísima documentación.
El lunes por la mañana en la portada de El Universal apareció el reportaje. Cambio no llevó nada y Reforma tampoco. Salvador García Soto lo comentó en su columna y todo ese trabajo que hice había servido para nada. Como muchas veces ocurre en este negocio otros se llevan las palmas.
Ese día estaba molesto, incómodo, me habían engañado. Me sentí usado. Fui a las oficinas de la Revista 360º por la mañana y frente al que era mi socio saqué todo mi coraje. Recuerdo que fuimos a comer y me iba a dar un aventón a las oficinas de Diario Cambio que estaban sobre la 16 de Septiembre allá en Huexotitla. Justo cuando estábamos estacionados afuera de las oficinas del rotativo, una persona cercana a Enrique Doger me marcó por Nextel (aún estaban de moda y se escuchaba como un radio): “Hermano, te vendieron por un millón de pesos”.
—¿Qué?
Tu reportaje de Eloxochitlán lo acaban de vender a Édgar Nava por un millón de pesos. Se los acaban de dar.
Justo cuando cuelgo el Nextel aparece Arturo Rueda en un Audi TT último modelo.
Todavía unos días antes estaba manejando un Gol color blanco, muy descuidado. Entro a la oficina, molesto, y escucho que Rueda llama a los reporteros y a cada uno le da diez mil pesos “de comisiones”. Entiendo por qué de pronto llega en un carro de lujo y reparte dinero.
No aguanté más, me levanté, caminé hacia la redacción y le grité:
¡32 personas muertas valen un millón de pesos! ¡Eres un hijo de la chingada, puto Rueda!
—¿De qué… de qué hablas?
—No te hagas pendejo, me acabo de enterar que vendiste mi información a un constructor a cambio de un millón de pesos.
Yo he de confesar que estaba fuera de mis casillas. Quien me conoció en otra época sabe bien que tuve una época impulsiva que me ha llevado tiempo en terapia manejarla; debo admitirlo.
Rueda estaba pálido ante los gritos y los trabajadores de Cambio llegaron a ver el espectáculo que se estaba dando en la dirección. Agustín Tovar, administrador de la empresa, fue quien tranquilizó los ánimos.
No era la primera vez que esto ocurría, una vez encabecé una huelga de trabajadores (apoyada por el dueño Ventosa) contra Arturo Rueda porque había corrido injustificadamente a Selene Ríos por escribir en un blog que apoyaba a los estudiantes del periódico La Catarina, de la UDLA. Los estudiantes eran perseguidos por la rectoría de aquel entonces.
Regresemos al incidente con Rueda. Ese día agarré mis cosas y me fui. No aparecí al siguiente día y Agustín Tovar me buscó para que comiéramos los tres. La reunión se dio en el restaurante El Silver y pactamos la paz. Rueda negó haber vendido el reportaje, pero tiempo después me enteré de que fue en la casa de Jorge Aguilar Chedraui en la que estuvieron presentes Mario Alberto Mejía y Édgar Nava llegó con una bolsa muy grande de Palacio de Hierro.
Hoy me vengo enterando que no fue un millón, sino dos y, a partir de ahí, Nava dejó de ser el responsable de la muerte de 32 personas y en Cambio se le adjudicó la responsabilidad a un señor de Cholula apellidado Taylor. No hubo manera de cambiar la historia. Rueda cumplió con administrar la reputación de un constructor.
También me vengo enterando apenas que Rueda presuntamente extorsionó aquella vez a Nava y hubo una segunda ocasión. Por supuesto, mi relación con el constructor se enfrió, pues yo lo veía como un censor y no como una víctima. Aunque, quiero aclarar, que nada justifica la muerte de 32 personas, pero como seguramente no se abrirá ese viejo expediente, pues estamos en México.

A manera de colofón
Yo tenía unos meses con la revista y pensé que era momento de salirme del diario. Ya era insostenible. Beto Ventosa me apoyaba, había buena relación con Doger. En esos días nos citaron a Tovar, Rueda, Héctor Hugo y a mí a una de las casas de Doger que está ubicada por El Mirador.
Entramos a un pequeño salón, no estaba el alcalde, solo Mier y el entonces tesorero del ayuntamiento más otros operadores, y ahí nos dio un discurso Ignacio Mier. Nos dijo abiertamente que el proyecto era Enrique Doger, que no nos equivoquemos, querían ver a Doger en la candidatura a la gubernatura y el instrumento para lograrlo era Cambio.
Mi relación con Rueda era mala y un grupo de reporteros y diseñadores me apoyaban, sobre todo después del escándalo que armé por Selene Ríos y por el reportaje de marras. Tovar me pidió que armara una idea para un periódico. La armé junto con Alejandro Rodríguez, originalmente se llamaría Plural. En un cumpleaños mío, fuimos reporteros, fotógrafos y administrativos a desayunar a la Casa de los Muñecos y ahí se planteó la historia.
Solo Alejandro Rodríguez y yo llevamos la propuesta a Doger y a Alberto Ventosa. Les pareció bien. Jorge Ruiz nos debía un dinero por una edición especial que hicimos contra Mario Marín en el que participamos varios reporteros y diseñadores. Al estilo de Jorge Ruiz, nunca nos pagó e incumplió. Entendí que nada más nos estaban usando.
Decidí entonces escribir una columna (en ese entonces se llamaba Freaks) en la que hablaba bien de Enrique Agüera Ibáñez. A Héctor Hugo le dije: “esta será la primera vez que me van a censurar no por hablar mal, sino por hablar bien”. Y así ocurrió, Nacho Mier llegó a las oficinas de Cambio y llamó a la redacción. Yo no estuve. Nacho Mier habló mal de mí y dijo que no se podía hablar bien de los enemigos de Doger y Agüera era su enemigo.
El lunes de la siguiente semana presenté mi renuncia. Por cierto, Cambio ya tenía un portal propio que yo armaba con Demián Tuss, mientras que Mario Alberto Mejía y Rueda sacaban el de La Quintacolumna. Tras mi salida, el portal lo asumió Rueda y se quedó con el de La Quintacolumna. Se unificaron sus embutes.

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OPINIÓN

Un dragón en la cochera

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La tiranía de la felicidad

Por Zeus Munive Rivera / @eljovenzeus

El título de esta carta editorial hace referencia a un artículo del investigador y científico Carl Sagan que viene publicado en su libro El mundo y sus demonios (Sagan, 2017, pp. 189-210). En este capítulo, una persona le asegura a otra que tiene un dragón en su cochera. El interlocutor incrédulo responde que él, como Santo Tomás, hasta no ver no creer. El sujeto lo lleva a su casa y, en medio de pinturas, martillos y taladros, le dice: “aquí está”.

Como el interlocutor no puede verlo, su amigo asegura que es invisible. Entonces sugiere que echen harina en el piso para que se vean las pisadas del dragón. No ocurre nada. Entonces, el dueño del dragón responde que “el dragón vuela”. Entonces, el incrédulo dice que si es un dragón debería echar fuego y se debe sentir el calor, al menos. Entonces, el dueño de la cochera le pide al dragón que suelte una bocanada. No se siente nada.

El interlocutor dice que esa cochera sigue siendo un espacio frío. El dueño del dragón asegura que el fuego, además de invisible, que flota, su fuego es invisible y, por ende, no genera calor. Harto el escéptico, sugiere que le avienten una lata de pintura para ver su forma, el anfitrión culmina con: además de invisible, flotar, su fuego no produce calor, su piel es distinta y todo se le resbala.

Así es como funcionan los grupos, libros, productos, organizaciones y terapeutas que venden felicidad, éxito y bienestar. Prometen siempre algo, pero cuando se les cuestiona sobre los resultados, nunca faltará una respuesta más absurda que la primera, pero su actitud de caradura, de jugador de naipes, hará que quien lo cuestione termine cuestionándose a sí mismo.

Desde hace tiempo hemos querido llevar una edición sobre la felicidad impuesta; la felicidad tóxica, la positividad como una nueva dictadura. En este juego siempre participarán coaches, empresarios, políticos y hasta gente del espectáculo. El problema no es que se quiera generar la felicidad, el problema es que se dé como por un acto autocrático y se nulifiquen las mal llamadas emociones “negativas”.

Hay sectas, organizaciones, grupos de ventas multinivel que van desde productos de belleza hasta criptomonedas y un sinfín, se le dice a la persona que quiere mejorar su economía, que saldrá de la pobreza, que mejorará sus relaciones, que tiene que asistir a un curso de risoterapia, abrazoterapia, orgasmoterapia, etc., y con ello será alguien totalmente nuevo; el problema es que si la persona no logra las expectativas impuestas, entonces, es mediocre, culpable, se le hace sentir mal y la nulifican, la llevan al rincón de los inadaptados.

La propuesta se vuelve tóxica, porque las personas tienen emociones de felicidad, tristeza, enojo, frustración, pérdida, alegría, entusiasmo, apatía, y no es malo sentirlo. Es lo más natural, pero nulificar las emociones es aún más peligroso, además de hacerlas sentir culpables por sentir; es así que la felicidad se vuelve tóxica.

Un dato más a todo esto: se puede caer en una visión sectaria que aleja a las personas de su entorno familiar y de amigos. Es un tema muy delicado que, incluso, los medios de comunicación, como radio y televisión, además de revistas de sociales, promueven como una alternativa.

El tema es que en esta felicidad tóxica, impuesta, autoritaria, muchas personas terminan más deprimidas y sin dinero, porque los promoventes lo único que quieren es que compren, compren, compren, de ahí su éxito. Lo que ellos venden al final es material, es gastar dinero en libros, cursos, y solo establecer que la felicidad se da en la materia. Para concluir esta carta editorial, queremos aclarar que no estamos en contra del bienestar ni de la felicidad. También la buscamos, pero no estamos de acuerdo con que se abuse de las personas, se les haga víctimas, se les vendan espejos y todavía se les haga sentir culpables porque no alcanzaron los objetivos. Creemos más en el pensamiento crítico. Esta edición, sabemos que no agradará a muchos, muchísimos, pero sabemos que habrá quien nos entienda, para ellos es este número especial.

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OPINIÓN

Prensa y poder en Puebla: escenas delirantes y barrocas

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Por Mario Alberto Mejía

Eran los años de Guillermo Jiménez Morales.

Un periodista llamado Sergio Olimán fuma marihuana en el camión de prensa, mientras sus colegas prefieren brandy o whisky. Todo está permitido.

López Portillo gobernaba el país persiguiendo a su hijo José Ramón en los jardines de Los Pinos, y terminaba tacleándolo. Ambos corrían con el dorso desnudo. El país se gobernaba con ese tipo de ocurrencias. La escena de la cómica persecución aparecía en los cortos cinematográficos que antecedían la función de cine. La voz de Agustín Barrios Gómez hacía la crónica de esa lucha romana presidencial. El público aplaudía la escena complacido.

Qué verde era mi valle

Federico Chilián, militante de un partido de izquierda, exige su derecho al “chayote” a través de una columna en el periódico Síntesis. Rafael Cañedo Benítez es el presidente municipal de Puebla. Ramón Beltrán, jefe de prensa, lo manda por un tubo desde una poderosa motocicleta de marca. Beltrán viste con ese trajecito sin mangas que usaba López Portillo: una especie de prenda confeccionada por un sastre panameño. 

Chilián lleva su protesta a la plaza pública. El “chayote”, explica, es un acuerdo verbal hecho con la gente del alcalde. Beltrán, incluido. A raíz de esa columna, el psicólogo y sedicente periodista deja de publicar en Síntesis

Arturo Rueda abandona la academia por el periodismo. Su columna Tiempos del Nigromante, publicada en Intolerancia Diario, provoca asombro y envidia. El análisis que hace de la sucesión de Melquíades Morales Flores es brutal: una mezcla de ensayo político con una leve ironía. Rueda escribe a la sombra de Jorge G. Castañeda y Carlos Ramírez. La fama efímera golpea su ego. Este crecerá desmedidamente una vez que se convierte en director de Cambio. El analista profundo desaparece. 

El periodista metido en la piel de la academia da paso a un empresario de medios locuaz. Su estilo periodístico sale por la ventana del baño. Lo que viene es mortal para cualquiera que tunda teclas: un video en el que intenta extorsionar a Jorge Estefan Chidiac se hace público, una manifestación de mujeres estudiantes en la Libre de Derecho culmina con su salida como profesor, y la parodia como género periodístico para enfrentar el oprobio y la vergüenza se vuelve, en su caso, salida recurrente. 

Rueda se asume como el Señor de los Tlacoyos. El pudor ha quedado en el cesto de basura. Todo lo que podría matar a cualquiera, él lo transforma en burla permanente. Y genera un nuevo público: el que viene de la tradición de la carpa mexicana. Es nuestro Palillo que le mienta la madre a los políticos que no son generosos con él. A cambio de eso, el público lo llama Mantecochas. Él acepta resignado el calificativo. Es el precio que hay que pagar.

La picardía mexicana se va a vivir a sus columnas y a su programa de Facebook. El único límite es que no hay límite. Algo tendrá que pasar como terrible colofón: una tarde de mayo, metido en una playera rosa, Rueda es aprehendido por lavado de dinero, uso de recursos de procedencia ilícita y evasión fiscal. Y todo en una trama que incluye extraños movimientos de más de 400 millones de pesos en efectivo. El analista serio graduado en Madrid terminó metido en el callejón de las cachetadas. Y él en el papel del payaso que las recibe.

Un último drama: desde prisión envía una nueva columna política. Se llamará, muy a la Gramsci, Tiempos de Cárcel. En su primera entrega se va con todo en contra del gobernador Barbosa. Escrita a mano, la columna va de lo cómico a lo grotesco. Narra que Víctor Hugo Islas lo recibió en el penal de Cholula con una banana y un rollo de papel de baño. ¿Qué metáfora oculta hay en la escena? Viniendo de quien acepta ser llamado Mantecochas cualquier significado es posible. La nueva columna dura tres minutos circulando en la página web de Cambio. La mano invisible del mercado —su argumento para extorsionar a Estefan— lo censura.

Entre Olimán, Chilián y Rueda ha vivido la prensa en Puebla. Hace falta una novela que narre esto al detalle. El último en escribirla que lance la primera tecla.

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OPINIÓN

La podredumbre de la prensa poblana y la Operación Angelópolis

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Por Zeus Munive Rivera / @eljovenzeus

(Este texto está basado en las investigaciones de Néstor Ojeda, Víctor Hugo Arteaga, Mario Alberto Mejía, Ignacio Juárez, Álvaro Ramírez, Fernando Maldonado y Gerardo Ruiz)

Para armar un entramado de tráfico de influencias, lavado de dinero y uso de la prensa para chantajear, amenazar y golpear enemigos a cambio de jugosas cantidades de dinero, primero pongamos a un director de un periódico local —encarcelado por el delito de extorsión y por presuntamente operar con recursos de procedencia ilícita—. Añadamos que ese mismo director del medio de comunicación es socio del líder de los diputados morenistas en San Lázaro, es decir, no cualquier legislador.

A todo esto, coloquemos una investigación judicial que está en proceso en la Fiscalía General de la República y en la de Puebla por el sospechoso e inexplicable uso de 427 millones de pesos que fueron lavados a través de 32 empresas creadas en menos de dos años. Anexemos un sindicato de meseros y, por supuesto, la empresa que administra el rotativo en cuestión.

A todos esos ingredientes, agreguémosle un edificio que alberga al periódico local, el cual, aseguran, costó alrededor de 40 millones de pesos y que se desconocen las transferencias y pagos a los constructores. Además, el inmueble no existe en el Registro Público de la Propiedad, pues solo aparece como terreno baldío, porque los dueños del diario y del edificio nunca reportaron su edificación.

Faltarían otros componentes: el auditor general del estado de Puebla —ya en prisión— y un presunto prestanombres que creó y representó legalmente a las mencionadas 32 empresas, las cuales movieron los 427 millones de pesos a varios países y paraísos fiscales para que regresaran a las cuentas personales de los investigados.

A todo esta investigación sobre lavado de dinero, tráfico de influencias, extorsión a través de un periódico poblano y el presunto uso de recursos de procedencia ilícita se le conoce como la Operación Angelópolis, el cual puso al descubierto la perversa relación que ha existido entre la prensa y el poder en el estado de Puebla.

Vamos paso a paso a la historia de este mecanismo de corrupción:

La tarde del domingo 15 de mayo de 2022, en el portal de noticias XPectroFM.com, los periodistas Néstor Ojeda y Víctor Hugo Arteaga revelaron un escándalo que cimbró a todo el círculo rojo de Puebla: la Operación Angelópolis.

“El líder de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, Ignacio Mier Velasco; el exauditor general del Puebla, Francisco José Romero Serrano, y el dueño del Diario Cambio de ese estado, José Arturo Rueda Sánchez, son investigados por lavado de dinero, operaciones con recursos de procedencia ilícita y la evasión de impuestos por alrededor de 400 millones de pesos, revela una amplia investigación de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF).

”El máximo operador de la 4T en la Cámara de Diputados, encargado de acordar con los partidos de oposición, figura en esta amplia investigación de la UIF de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

”La denuncia sobre la Operación Angelópolis dirigida al fiscal general de Puebla, Gilberto Higuera Bernal, tiene fecha del 7 de julio del año 2021, con número de oficio 110/231/2021 y está firmada por Santiago Nieto, el anterior titular de la UIF. La carpeta de investigación sigue abierta en la Fiscalía General del Estado (FGE) de Puebla.

”En términos de jerarquía, Ignacio Mier Velasco es uno de los dos principales líderes que Morena tiene en el Poder Legislativo de México. Es el primero en la Cámara Baja y en el Senado de la República, Ricardo Monreal.

”A Mier Velasco la UIF lo ubica como parte de un enorme entramado de presunto lavado de dinero y evasión de impuestos de empresas ligadas a personajes políticos de Morena e incluso compañías periodísticas y publicitarias en Puebla.

”La Fiscalía de Puebla logró el 4 de marzo de 2022, la vinculación a proceso del ahora ex titular de la Auditoría Superior del Estado de Puebla, Francisco José Romero Serrano, preso formalmente y acusado del presunto delito de operaciones con recursos de procedencia Ilícita derivado de la investigación de la UIF.

”En el caso también es investigado el propietario del periódico Cambio de Puebla, José Arturo Rueda, quien complementa la posible asociación delictuosa, indagatoria en la que se busca además a Florentino Daniel Tavera Ramos, un representante de 32 empresas fachada, con movimientos por más de 400 millones de pesos en México y el extranjero”.

Ese mismo día por la tarde, Arturo Rueda, hasta hoy director de Diario Cambio, inició una guerra de tuits en contra de los dos periodistas que descubrieron los actos de corrupción en los que se le señala a él, a su socio Ignacio Mier y al exauditor de Puebla, Francisco Romero Serrano. En sus publicaciones los acusó de que no le dieron el derecho de réplica correspondiente y los acusaba de mentirosos.

Pero Rueda, en su actitud beligerante y hasta un tanto cuanto pendenciera, nunca midió que le esperaba un verdadero calvario que arrancó ese domingo 15 de mayo y que culminó con él en prisión unos días más tarde, el 21 de mayo.

Cabe agregar un dato: el sábado 21 de mayo de 2022, que fue detenido el director de Diario Cambio en la colonia Anzures de la Ciudad de México por la Policía Ministerial de Puebla, Arturo Rueda se casaría con su prometida, Gabriela Arratia.

A dicha boda —que nunca se llevó a cabo y que se celebraría en el salón Tres Marías de San Andrés Cholula— fueron convocados políticos, empresarios y hasta los rectores de las universidades más importantes de Puebla. Se casarían por la iglesia y luego el civil, para Rueda y su pareja sería el sábado más feliz del año, pero como dice el lugar común: si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes.

Rueda amenaza a Miguel Barbosa

Regresemos ahora al lunes 16 de mayo. Por la mañana Arturo Rueda anunció, a través de redes sociales, la cancelación de su boda con Gabriela Arratia (planeada, como habíamos dicho, el 21 de mayo), porque dijo que prepararía su defensa legal ante los señalamientos de lavado de dinero y manejo de recursos de procedencia ilícita por parte de la Unidad de Inteligencia Financiera. Rueda desmentía, en cada una de sus publicaciones, que existiera una carpeta de investigación en su contra.

Ese lunes por la mañana, Ignacio Mier, líder de los morenistas en San Lázaro, denunció que detrás de las acusaciones en su contra y de su socio estaban “los tres cochinitos”. En una entrevista radiofónica concedida al periodista Ciro Gómez Leyva, solo quiso identificar a uno de los tres cochinitos y señaló directamente al extitular de la UIF, Santiago Nieto. A manera de sorna dijo que “era el más pequeño de los tres”, en referencia a la canción de Francisco Gabilondo Soler.

El propio Mier dijo que la investigación de la unidad especializada de la SHCP solo le requería una aclaración de 97 mil pesos, la cual ya había hecho con antelación. Y negaba, al igual que su socio en el periódico Cambio, que existiera un lavado de dinero por 427 millones de pesos.

Mientras eso ocurría, el gobernador Miguel Barbosa declaraba en su tradicional rueda de prensa mañanera que se había enterado de dicha acusación, pero les advertía a los implicados: si no tienen nada que esconder, que no se preocupen. Un poco en el sentido de la frase clásica: quien nada debe, nada teme.

Por la noche de ese día, en su programa de YouTube, Rueda, acompañado de tres reporteros de su periódico, inició bromeando con la investigación e, incluso, frente a las cámaras, se ponía a correr porque la Fiscalía de Puebla lo investigaba.

Los reporteros de su diario le hicieron preguntas a modo y él decía que hasta el momento no había sido notificado de ninguna investigación, no se le habían congelado sus cuentas bancarias, pero lo peor vino cuando quiso involucrar al gobernador de Puebla y de esa forma amenazó a Miguel Barbosa:

“Los poderosos que hoy son poderosos —ya lo hemos visto— dejan de serlo, y los poderosos, hemos visto, especialmente en Puebla, luego tienen, eh, finales complejos, cuando el poder necesita mesura. Mario Marín se confabuló contra una periodista y 15 años después acabó en la cárcel…”

—Sigue ahí, ¿verdad? —preguntó Rueda a sus interlocutores.

—Sí, sigue ahí guardado — responde uno de sus colaboradores.

Rueda continuó con su advertencia: “15 años después, sigue ahí. Eeeeeh… Rafael Moreno Valle no fue mesurado en el uso de su poder; sufrió una tragedia que todavía es inexplicable. Simplemente digo eso, hay que ser mesurados siempre, y siempre hay que entender que estos procesos a veces son cíclicos y a veces no lo son”.

Fue el miércoles 18 de mayo que Barbosa Huerta respondió —en su conferencia de prensa— de manera tajante a la amenaza de Rueda: “el caso de Lydia Cacho fue una violación de derechos humanos. ¿Al señor (Rueda) se le violentaron sus derechos? No, ¿verdad? Ni yo soy Marín, ni él es Lydio Cacho (sic). De Rafael Moreno Valle no se puede hablar porque ya está muerto, pero si viviera, por supuesto que habría una investigación en su contra por los abusos cometidos. Así que no vengan a inventar”.

En esa misma conferencia de prensa, el gobernador dijo que él supo de la investigación de la Unidad de Inteligencia Financiera, así como Arturo Rueda e Ignacio Mier, porque hace un año en una mesa de seguridad a la que asisten gobernadores, funcionarios de seguridad, militares y el propio presidente de la República, se planteó, pero aclaró que jamás intervino para frenar o alentar sobre el particular, pues solo fue informado del tema.

La investigación periodística toma su rumbo

Hay que decir que a partir de la revelación de la Operación Angelópolis, hecha por los reporteros Néstor Ojeda y Víctor Hugo Arteaga, varios periodistas poblanos comenzaron a darle seguimiento al caso: Mario Alberto Mejía, Ignacio Juárez, Álvaro Ramírez, Fernando Maldonado, Gerardo Ruiz y Rodolfo Ruiz. Este último reveló, por ejemplo, que en la Auditoría Superior del Estado (ASE), la prometida de Arturo Rueda, Gabriela Arratia, su hermana y un tío de ella cobraron como aviadores, mientras su titular Francisco Romero Serrano, hoy en la cárcel, estaba al frente.

En esa semana del 16 al 22 de mayo se fueron revelando cada vez más casos de corrupción que ponían en evidencia cómo es que se habían lavado más de 400 millones de pesos y, de esa forma, se fueron uniendo las piezas de un complejo rompecabezas.

Entre lo dado a conocer por los periodistas mencionados, por ejemplo, son las propiedades que adquirió Arturo Rueda desde 2008 a la fecha. Hay que decir que en ese año fue nombrado director de Diario Cambio.

Entre las propiedades que Rueda compró están: una casa en la colonia El Mirador con un costo aproximado de 4 millones de pesos, una ampliación de dicha casa; un terreno en la colonia Anzures aquí en Puebla que pertenecía al Colegio de Contadores Públicos de Puebla y que presidía, coincidentemente, Francisco Romero. En ese terreno se erigieron las oficinas de Diario Cambio, que se calcula tuvieron un costo de 40 millones de pesos y que comparten un piso con Ignacio Mier Velasco.

Asimismo, un departamento en la Ciudad de México y se habla, incluso, de un terreno que le donaron en la zona exclusiva de Aras del Bosque, al nororiente de la ciudad. También se documentó una casa de interés social en la colonia Héroes de Puebla de alrededor de un millón de pesos y un departamento en la colonia El Carmen.

Para contextualizar todo esto, Francisco Romero Serrano, antes de ser el auditor del estado, fue contador de Diario Cambio, además de llevar la contabilidad de Ignacio Mier Velasco y de Arturo Rueda.

Francisco Romero, “Pacorro”, como lo llamaba de cariño Rueda, ahora vive en la cárcel porque fue acusado, primero, de violencia intrafamiliar y, segundo, porque se descubrió el manejo de recursos de procedencia ilícita. Dichos recursos son parte del entramado de la Operación Angelópolis, pues parte de los recursos fueron lavados en la auditoría, procedentes de municipios poblanos y en los que intervenía la empresa Multisistema de Noticias Cambio, S. de R. L. de C. V., de la cual es socio Arturo Rueda Sánchez de la Vega con una propiedad de 44%; en tanto que Ignacio Mier Velasco es dueño de 32% de dicha empresa.

El director editorial de Hipócrita Lector, Ignacio Juárez, detalló, en esta investigación, que Florentino Tavera es el representante legal de 32 empresas, las cuales, junto con un sindicato de meseros llamado José Vasconcelos, y Multisistema de Noticias Cambio, se movieron los mentados 427 millones de pesos. Muchas de esas compañías que fueron creadas en tan solo dos años, con diferentes notarios del estado de Puebla, enviaron dinero a paraísos fiscales en el extranjero, dinero que era devuelto a las personas morales y físicas que fueron denunciadas por la Unidad de Inteligencia Financiera.

Fue el periodista Mario Alberto Mejía, columnista y director general del diario Hipócrita Lector quien descubrió que Florentino Tavera sí existe, es una persona de carne y hueso, aunque muchas de sus empresas sean fantasmas, es decir, que son consideradas EFOS (empresas de facturación y operación simulada) para la Secretaría de Hacienda. Tavera, relató Mejía, vino de menos a más y empezó a facturar a varios empresarios de Puebla que conoció en un gimnasio que estaba en un hotel de la ciudad de Puebla.

Todo indica que Tavera era el operador de “Pacorro”, y con sus clientes, como Multisistema de Noticias y Arturo Rueda, hicieron las operaciones que se presumen son ilícitas.

La pista de Arturo Rueda

Arturo Rueda Sánchez de la Vega nació en Puebla el 15 de diciembre de 1976. Hijo de Guadalupe Sánchez de la Vega y de Ranulfo Rueda (QPD). Estudió la primaria en la escuela José María Lafragua, la secundaria y preparatoria en el CENHCH y la carrera de abogado en la Escuela Libre de Derecho de Puebla.

Inició como articulista para la sección de El Universal Puebla-Tlaxcala que dirigía Rodolfo Ruiz. Conoció a Mario Alberto Mejía a principios de 2000 y posteriormente lo invitó a escribir sobre la sucesión a la gubernatura en el 2004.

La familia de Rueda era muy cercana a Mario Marín y a Mario Montero en ese momento. Trabajó en el gobierno del estado en la Secretaría de Gobernación, cuando estaba Manuel Bartlett, y posteriormente viajó a hacer una especialidad en Madrid gracias a Melquiades Morales, quien le pagó la beca, según denunció en 2004 el secretario de Finanzas de esa administración.

Mario Alberto Mejía lo llevó a Diario Cambio como coordinador de Opinión, primero, y luego como subdirector editorial. Mejía renunció a la dirección a principios de 2008 y Rueda fue ascendido a director del diario en cuestión.

En mayo de 2015, el priista Jorge Estefan Chidiac, quien aspiraba a ser diputado federal, lo denunció por extorsión, ya que Rueda le pidió 10 millones de pesos a cambio de no publicar una grabación en la que se hablaba de la presidencia de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados.

Esa extorsión quedó grabada y se hizo viral en redes sociales. Ahí Rueda le ofrece a Estefan Chidiac que el dinero que le deposite se lo puede facturar con una constructora que él tiene. Además, se hizo muy famosa la frase “no, cabrón, si yo no vendo tlacoyos”, cuando un amenazado Estefan le dice que tiene 500 mil pesos.

Fue Rafael Moreno Valle, primero, y Tony Gali, después, quienes hicieron que la denuncia quedara archivada. Ha trascendido que, a cambio de que no siguiera la denuncia penal por extorsión, Rueda tenía que “destruir” públicamente a Blanca Alcalá Ruiz, quien en ese momento contendía por la gubernatura del estado contra Gali.

No fue la primera vez que se denunciaba a Arturo Rueda por extorsión, pues se sabe de un constructor y del senador Alejandro Armenta (primo hermano de Ignacio Mier), a quienes les pidió dinero con el ánimo de “administrar sus reputaciones”.

También se denunció que cobró 2 millones de pesos a unos pobladores de Palmarito Tochapan para publicar un video en el que el Ejército dispara contra unos huachicoleros, después de que uno de ellos asesinara a un militar.

Ese mismo video lo trató de vender a gobierno del estado por un millón de pesos a cambio de no transmitirlo en sus plataformas digitales, la administración estatal se negó a darle el soborno. Esa situación le generó problemas con el secretario de la Defensa Nacional, y fue Tony Gali quien imploró perdón a nombre de Rueda.

Rueda, de haber nacido y crecido en una casa en Los Sapos de la capital poblana, terminó con propiedades millonarias. Un edificio de 40 millones de pesos. Dos departamentos. Una casa que fue ampliada y hasta una vivienda de interés social en la colonia Héroes de Puebla.

De manejar un carro Gol usado terminó con camionetas de lujo. Una de ellas se dice que fue regalada por el gobernador interino de Puebla, Guillermo Pacheco Pulido.

Rueda fue, junto con Ignacio Mier, quienes impulsaron a su contador Francisco Romero para puestos de elección popular y, al final, para que quedara al frente de la Auditoría Superior del Estado. Se sabe que hubo varias personas que Rueda colocó para que trabajaran ahí, pero el caso más cercano fueron las aviadurías de su pareja, su cuñada y el tío de ambas.

Otros dos casos que ponen en jaque al director de Diario Cambio es que a funcionarios del ayuntamiento que presidió Claudia Rivera Vivanco, Rueda los amenazó para que contrataran el negocio de ventanas ciudadanas, el cual es llevado por el sobrino de Ignacio Mier, Moisés Valleverde Mier, quien es suplente de Miguel Carrillo Cubillas, primo del líder de Morena, Mario Delgado Carrillo.

La segunda ocasión fue cuando Arturo Rueda pidió a la directora de Comunicación Social, Magaly Herrera, la cantidad de 4 millones de pesos mensuales a cambio de que él dejara de criticar y acusar a Claudia Rivera y que enfilara sus baterías en contra de Miguel Barbosa.

Si se preguntan qué tiene que ver todo esto con la Operación Angelópolis, es que la Unidad de Inteligencia Financiera descubrió la denuncia por extorsión contra Estefan Chidiac y vieron en esas oficinas el video en el que Arturo Rueda asegura que tiene una constructora para poder facturar 10 millones de pesos.

21 de mayo, el peor día de nuestras vidas

Ese sábado de 2022 por la mañana nos enteramos del terrible feminicidio de la abogada Cecilia Monzón Pérez ocurrido en San Pedro Cholula. La tarde de ese día, Arturo Rueda y su pareja, Gabriela Arratia, se encontraban en un departamento en la colonia Anzures de la Ciudad de México. Se presume que dicho departamento lo comparte con su socio Ignacio Mier.

Por la tarde, después de la terrible noticia, Rueda primero aseguró que los responsables serían Jorge Estefan Chidiac o Javier López Zavala (hoy vinculado a proceso por dicho feminicidio). Rueda quiso aprovechar sus temas personales para señalar al diputado local priista, ya que había una denuncia penal de Cecilia Monzón contra Chidiac por la supuesta falsificación de la firma de la activista en 2018.

Posteriormente, Rueda exculpó a Javier López Zavala en sus tuits, hasta que de pronto cayó el silencio. Fue el periodista Ricardo Morales quien dio la primicia y anunció que Rueda había sido detenido en la Ciudad de México por el delito de extorsión contra Jorge Estefan Chidiac.

Ese mismo día, si nada hubiera ocurrido, estaría casándose con Gabriela Arratia, pero la vida y el destino son algo que desconocemos.

En la siguiente semana, Rueda escribió desde la prisión de San Pedro Cholula una carta en la que retaba al gobernador Miguel Barbosa, lo responsabilizaba y llamaba a enfrentarlo, relataba cómo le habían regalado un papel de baño y un plátano. Esa carta fue subida a Diario Cambio y bajada minutos después.

La noche de ese día, la hija de Ignacio Mier, la diputada local Daniela Mier, junto con un grupo de morenistas aliados a Mier y a Claudia Rivera, se reunieron con el gobernador del estado de Puebla.

Rueda fue enviado a una prisión de seguridad mediana, al Cereso de Tepexi de Rodríguez, en donde dicen que vive aislado, en la oscuridad, y solo lo han ido a visitar su mamá y los abogados que le llevan su caso.

Rueda fue vinculado a proceso no solo por el delito de extorsión, sino por el delito de Operaciones de Recursos de Procedencia Ilícita (ORPI).

Diario Cambio se quedó sin director, aunque Rueda sigue apareciendo en el directorio. Unos días después, como lo relató el periodista Gerardo Ruiz, Ignacio Mier llamó a los reporteros de ese diario y dijo que su socio “se enfermó de poder”.

Mier ha buscado a como dé lugar que se le borre de la investigación de la UIF, incluso se sabe que presionó al actual director, Pablo Gómez, para que lo deslindara, pero el excomunista solo envió una carta de extrañamiento a la Fiscalía de Puebla por “haber filtrado una investigación”, pero el exdiputado federal jamás negó que existiera una carpeta de investigación contra Rueda, Mier, Florentino Tavera, 32 empresas y un sindicato.

Incluso, públicamente se ha intentado deslindar de él, cuando asegura que es su amigo, pero que existe “el libre albedrío”. Lo que no sabe Mier, o no quiere admitir, es que ese libre albedrío lo involucró en un entramado de lavado de dinero.

Lo que deja esta investigación

Rueda creció al amparo de funcionarios ligados a Enrique Doger y Mario Marín Torres. Su fortuna se acrecentó con la llegada de Rafael Moreno Valle y aún más con Tony Gali a la gubernatura. Rueda se sintió poderoso, inmune e impune. Nunca tuvo límites. Pensó que era inmortal. Que podría hacer lo que quisiera.

No obstante, para que exista la corrupción siempre debe haber dos: y si Rueda hizo lo que hizo es que el poder en Puebla lo alentaba, lo compraba, lo promovía, lo protegía y lo impulsaba. Usaron a Rueda a cambio de dinero, para hacerse millonarios, para mandarlo a golpear enemigos, para sacar más dinero y para humillar a los que se salían de la línea.

Es la Operación Angelópolis el primer llamado para que la prensa regrese a saber lo que sabe hacer: informar. Y no a administrar reputaciones.

Esto solo es el inicio en el que no sabemos cuántos caerán, cuántos huirán y cuántos más se esconderán.

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