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OPINIÓN

Conjurando al morenovallismo en Puebla

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Por Carlos Peregrina

¿Qué es el morenovallismo? -me preguntas clavándome en mi pupila, tu pupila azul.

—¿Qué es el morenovallismo? y tú me lo preguntas. El morenovallismo eres tú.

(Con perdón de don Gustavo Adolfo Bécquer).

Hay un nuevo deporte en la prensa local que es un juego similar al “tú las traes”. Ese pequeño divertimento que consiste en calificar a lo que no se mueva en la misma línea como el enemigo, el adversario, el diablo, Satanás.

Esa práctica inició en el sexenio de Rafael Moreno Valle, pues todo lo que olía a mal, a rancio o a corrupción era sinónimo de marinismo. Y el marinismo estaba apestado, primero, porque era la representación fiel de lo que se echó a perder. Es como cuando una cerveza está quemada, que sabía a meados de perro (disculpen la analogía, aunque confieso que no los he probado, me imagino a qué saben).

Marín es y era un sinónimo de corrupción política.

Resulta que Rafael Moreno Valle Rosas como gobernador también abusó del poder, del dinero, tenía (a decir de personajes cercanos) muchísimos prestanombres y si algo supo hacer el panista que falleció en un lamentable accidente aéreo fue mover dinero, comprar consciencias, amenazar y encarcelar disidentes.

Moreno Valle fue otro monumento a la corrupción, sin lugar a dudas. Aprendió del profesor Hank a aplicar la frase “haz obra que algo sobra”. Y por supuesto, ese gobernador sabía lo que dijo César Garizurieta Ehrenzweig (1904-1961), alias “El Tlacuache”: “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”. O la frase más famosa del grupo Atlacomulco: “Un político pobre es un pobre político”.

Moreno Valle no entró pobre a la gubernatura, digamos que llegó muy rico, pero salió billonario y no en el sentido estadounidense de la palabra. Todo lo que tocaba y arrebataba lo convertía en oro.

En una ocasión un operador político me reveló que de las 25 mil unidades del transporte público que hay en el estado de Puebla, siempre se les pedía a los choferes que deberían entregar 10 pesos diarios de lo que recogían del pasaje.

Si multiplican 25 mil por 10 pesos al día son 250 mil, por siete días de la semana son un millón 750 mil pesos, eso por 12 meses y eso por ocho años. Hagan sus cuentas. Todo el dinero en efectivo. ¿Quién se quedó con él? Nadie sabe. Muchos personajes que fungieron de prestanombres desaparecieron.

Sobre todo los que le operaron a un personaje siniestro que ahora descansa tras las rejas llamado Eukid Castañón. Rafael Moreno Valle y su equipo intentaron –sin conseguirlo– duplicar lo que en su momento fue el avilacamachismo en Puebla.

Maximino Ávila Camacho fue el jefe político del estado que institucionalizó la figura del cacique. Su hermano fue presidente de la República y su otro hermano, Rafael, fue gobernador de Puebla y había sido hasta el 2018 el único que había impuesto a un gobernador como fue Fausto M. Ortega. De ahí hasta Rafael Moreno Valle, que impuso a Antonio Gali Fayad, y posteriormente a su esposa Marta Érika Alonso.

Moreno Valle no tenía lealtades, solo las exigía. Sabía manipular, extorsionar, golpear, amenazar, pactar, humillar, aplaudir y traicionar. Era un hombre muy inteligente y pragmático. Sometió a toda la prensa local, la prostituyó, en algunos casos. Y en otros solo los dejó navegar en su lago llamado Puebla.

Usó a personajes de baja estofa para intentar controlar a los medios de comunicación locales, como un tal Sergio Ramírez, quien se dedicó a tuitear contra todos los que osaran criticar a su rey. Al final, pocos aguantaron. Aunque muchos periodistas presumieron su independencia, al final pactaron con Tony Gali su subsistencia y Moreno Valle lo sabía, entendía que había un policía bueno y uno malo.

Pero lamentablemente el morenovallismo dejó un estado inseguro. Lleno de robo y venta de hidrocarburos. Antes los narcomenudistas solo vendían grapas y mariguana a los consumidores, ahora el mercado había saturado y los pequeños dealers se convirtieron en grupos y en pequeñas mafias que operan algunos desde los mercados o desde las vecindades viejas del Centro Histórico de Puebla.

Sin olvidar el Triángulo Rojo que azota a todos los vecinos de Tepeaca, Tecamachalco, Palmar de Bravo y las zonas circunvecinas.

Una parte de la prensa que también fue beneficiaria de ese sexenio ahora acusa a los que se cayeron políticamente con la muerte de la pareja Alonso-Moreno Valle de… morenovallistas. No importa si son buenos o malos operadores de sus cargos. Todos son morenovallistas hasta que se les demuestre lo contrario, establecen como un dogma de fe.

Lo cierto es que muchos trabajaron con Mario Marín, con Melquiades Morales, con Manuel Bartlett y hasta con Moreno Valle y no necesariamente pertenecen a algún ismo. Hicieron lo que tenían que hacer porque esa parte de la prensa adicta a aplaudir y defender desde sus primeras planas o las principales columnas periodísticas de sus diarios, intentan quemar en la leña de la acusación pública a este o aquel porque incurrió en el delito de “trabajar” y “ser leal a su jefe”.

Es curioso que si buscaran las publicaciones de los ahora acusadores y cómo se comportaban en el pasado reciente con los enemigos del régimen en turno se toparán con lo mismo que tanto acusaban.

Muerto el buey, viva el rey.

Lo cierto es que más allá de ismos, calificativos y señalamientos, sí, es cierto, Rafael Moreno Valle hizo un monumento a la corrupción y al abuso del poder. Ahí está un jefe de la policía que sus subalternos escoltaban a una banda de huachicoleros. Ahí estaban unos notarios, uno por cierto con un apellido muy conocido y unos “cachetes” enormes que se dibujaban mientras un “copelas o cuello” o una persona Blanca dueña de algún hospital de por aquí cerca, salía montando en caballos pura sangre que olían a gasolina.

También es cierto que Mario Marín fue una oda a la corrupción. Representó lo más bajo que había del PRI en ese momento.

Así que la historia está llena de ismos.

Por eso, si tú me preguntas ¿qué es morenovallismo? Morenovallismo eres tú.

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OPINIÓN

Fake news y polarización

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Por Julieta Lomelí / @julietabalver

Estamos en la época de los supersabios, obviamente –diría la erudición coloquial– convocada por el uso de las redes sociales y el mundillo virtual que es un banco infinito de información en constante despliegue.

¿Cómo podríamos pensar imposible que en un siglo sobrexpuesto a la información no levantemos una piedra y encontremos bajo ella un sabelotodo que es capaz de explicarnos el origen irrefutable de un virus pandémico, como el que ahora nos paraliza, y su cura irrefutable? 

Moramos una época de “nuevos ilustrados”, que basta con que pasen unas cuantas horas frente a la computadora para saberse un icono de opinión, un periodista de investigación, o un todólogo que nada escapa a su criterio ni a la oportunidad que tiene de abrir la boca para expresar lo que piensa, aunque eso que “piense” o crea esté sostenido por alfileres de verdad, o mejor dicho, por ningún tipo de objetividad, veracidad o investigación seria que fundamenten lo expresado. 

Se entiende, entonces, el crecimiento exponencial de las fake news, pero que no son consecuencia directa del uso del internet ni del exceso de información que ahí encontramos. Sino que más bien derivan de esa necesidad casi natural que tiene el ser humano de explicárselo todo de manera más o menos fácil, de encontrar una causa a los fenómenos que nos atraviesan aunque sea a partir de mitos, a partir de interpretaciones mágicas y esotéricas, o a partir de no-verdades pseudocientíficas que hoy en día pueden ser alimentadas y difundidas por el uso del internet. Lo cual no significa que las fake news no hayan existido desde siempre, e incluso, no hayan sido en la Antigüedad difundidas por personajes que sí tenían la categoría seria y formal ante la sociedad de ser hombres de ciencia o sabios. 

“Hombres de conocimiento” y su amor por las fake news

Ramón Nogueras arranca su libro, “Por qué creemos en mierdas” diciéndonos lo siguiente: “Hay gente que cree que antes se comía mejor, que los huesos duelen cuando hace mal tiempo y que existen médiums y adivinos. Gente que vio el video de la niña llamando al perro Ricky. Personas que no vacunan a sus hijos porque creen que les pueden causar autismo. Personas sensibles a las ondas wifi […] Hombres que dicen ver más colores que las mujeres. Gente que piensa que en esta vida todo le sucede por una razón y que la posición de estrellas y galaxias que están a millones de años luz incide en su día a día y su destino”, etcétera. Nogueras reconoce varios puntos que pueden explicar este tipo de actitudes en hombres y mujeres comunes que creen que han visto o sentido cosas que en realidad no existen, por ejemplo, lo que él llama pareidolia. “El ejemplo más típico es algo que todos hemos vivido: estar mirando al cielo, ver una nube y percibir una forma en esa nube. Un barco, un perro, lo que sea”.

Así escala nuestra consciencia desde lo más básico hasta ejemplos más complejos en los cuales –como esos somos seres míticos que tendemos hacia la completud de patrones, de esquemas– pretendemos encontrar la causa de todo desde la experiencia más inmediata, y de la que, por supuesto, a veces no podremos obtener la interpretación o conocimiento más adecuado. Sobre este “correcto” guiar de la consciencia o la percepción para no quedarnos en la interpretación más rápida mediada por los sentidos y las apariencias inmediatas y nada más, se han dedicado siglos de filosofía y de ciencia.

Sin embargo, habiendo pasado ese primer momento que consigna la pareidolia, y deslindándonos de la obviedad de que ella fuera uno de los grandes sesgos cognitivos que hombres y mujeres tenían hace algunos siglos para predecir ciertas cosas o informar sobre los eventos de la naturaleza, y que por ello dichos datos quedarán en manos de adivinos y sabios guiados por la intuición antes que por el contraste empírico de sus teorías. En la actualidad, a pesar del acceso a información más objetiva y del progreso y desarrollo cada vez más críticos de métodos científicos o experimentales, no deja de haber ciertos hombres o mujeres que habiendo sido señalados como “autoridades” sociales, como individuos eruditos, esto significa, como figuras que representan al Estado, a las ciencias o a las humanidades, recurran a las fake news como estrategia para moldear consciencias. Me explico.

Las fake news pueden ser divulgadas por personajes que no tienen impacto social ni crearán una gran tempestad si las comparten. Mientras sí existen otras figuras que, al ser jefes de Estado o representantes visibles de algún área del conocimiento, o líderes de opinión, al lanzar una fake news, lo más posible es que generen una convulsión no solo en redes, sino también socialmente. De ahí que no todo en el mundo de las noticias falsas parece tomar un tono negativo, sino que para muchas figuras de poder suelen ser aprovechadas para legitimar políticas y adherir afinidades o generar odios hacia los adversarios. 

Lejos estamos de controlar el impacto de las fake news, más en el momento en que estas se han ido conformando paulatinamente como un punto de inflexión sin regreso hacia objetivos de control. Las noticias falsas encuentran su apogeo en democracias donde la polarización y el populismo se usan para legitimar un sistema-Estado. A partir de las fake news se desenmascaran buenos de malos de la forma más mediática, se construyen valores y antivalores, usando todos los recursos posibles al alcance para edificar una narrativa que, aun siendo falsa, sirva a los fines del poder. 

Pero no queda más que convivir con ellas, y dejar de pensarlas tan solo como un fenómeno aislado en el que no intervienen poderes fácticos que no podemos controlar desde lo individual. Quizá solo queda ejercitar el criterio propio para poder despegarse –en lo posible– de la insurgencia por las mentiras que se estiran, al punto de romperse, para hacerlas pasar por verdad. O como escribe Simona Levi en #FakeYou: Fake news y desinformación: 

¿Quién se encuentra detrás de las fake news? ¿Cómo se distribuyen y crean las noticias falsas? Para responder a estas preguntas la estrategia más eficiente es seguir el rastro del dinero, es decir, centrarse en averiguar quién crea y paga las fake news y quién cobra por crearlas y viralizarlas. Entre los primeros, a los que se puede denominar ‘productores de desinformación’ porque, tal y como se verá, se trata de una auténtica industria, se encuentran gobiernos, instituciones y partidos políticos –en unas ocasiones, como productores de desinformación; en otras, como inversores para que otro actor la cree y viralice–, accionistas y directivos de los medios de comunicación de masas, grandes corporaciones y personalidades, grandes fortunas o celebrities. Entre los segundos, los que cobran para crear fake news hechas a medida o para viralizarlas, se encuentran empresas de comunicación política, empresas especializadas en bots y gobernanza algorítmica, medios de comunicación y plataformas de contenidos en línea. A todos ellos los llamaremos también ‘informadores influyentes’, debido al alcance que tienen entre la población. Si se desea realmente atacar el fenómeno de las fake news, estos actores –los creadores de desinformación y quienes cobran y pagan por difundirla– deberían ser el objetivo principal.”

Julieta Lomelí Balver (1988)

•Escribe en Laberinto (Milenio), en Filosofía&Co (Herder, España) y en Revista 360 (Puebla, México).
•Mujer de trasmundo. No es apta para “esta orilla”, pero sí para construir en granito, una isla interior donde habitan monstruos marinos, amenazas metafísicas y todo un océano de excedente de sentido. Escribe ensayo y arrenda un piso en el costoso edificio de la filosofía.

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OPINIÓN

La angustia que libera

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Por Julieta Lomelí / @julietabalver

I.Un dibujo de la angustia

Un elefante pesado, con textura de acero, como una escultura que adorna una plaza, decide postrarse en mi pecho, sofocándome como esa pesadilla recurrente que tengo con el mar, en la cual olas cargadas de luna y de toneladas de viento, me ahogan en medio de una noche helada. Esa sensación dibujada alegóricamente, la del elefante de acero que en la oscuridad quiere descansar en mi pecho, también la siento por las mañanas que, alumbradas por un sol incandescente y sofocante, me aprisionan en cobijas muy pesadas que se pegan a mi cuerpo mientras siento cómo me sepultan en episodios de angustia. A veces no logro salir de ese sueño con forma de oruborus, de la pesadilla circular del elefante que me aplasta, de la ansiedad que, sea día o noche, me sofoca y acelera el corazón, como si estuviera a punto de estallar, de salirse por mi boca. Aunque a veces eso quisiera, vomitarlo de una vez por todas, así duela y me desangre, en vez de seguir cargando ese pesado elefante de acero en mi cuerpo.

Otra vez se esconde el sol, y caigo en la pesadilla de un mar enloquecido pero sin encontrar un abismo, uno que me trague. Nuevamente esas olas pesadas que me ahogan, no puedo respirar, y empiezo a rezar para encontrar ese vacío que me sepulte, para que mi voz se ahogue de una vez por todas en ese abismo, añorando que la oscuridad pronto convierta mi angustia en silencio. Pero despierto de nuevo, y el elefante no abandona mi cuerpo, tendré que hacer todo con ese gran peso en mi pecho, respirando a cuentagotas, forzando y dividiendo el pensamiento entre mi rutina diaria y la sensación de pesantez y asfixia del acero sobre mi cuerpo. Queriendo escupir el corazón atorado en la laringe, sintiendo cómo me atraganto con él, atorándose en mi cuello sin poder diluirlo, sin poder vomitarlo.

El corazón galopando acelerado e informando a mi oído en todo momento de su insoportable latido, rápido y cada vez más fuerte, no cesa, no baja su volumen. Pero el elefante, ese pesado elefante que me dobla las manos no se va. Y así viviré quizá muchos años, o solo un instante.

II. Angustia y filosofía

La angustia ha sido un tema relevante para la filosofía. De hecho, el estar angustiado ha sido interpretado por algunos filósofos como un tránsito de ánimo necesario para que el ser humano tome entre sus manos la decisión de una existencia autónoma. Ese pozo profundo que abre la angustia, es un abismo en el cual a veces nos perdemos sin poder ver la salida, recorriendo sus cuartos circulares y en plena oscuridad. Sus pasillos nos llevan a uno y otro cuarto, y cuando pensamos que hemos llegado al final del último cuarto, nos damos cuenta de que volvimos al inicio del abismo, al primer cuarto, que es también el último círculo. Así barajeamos nuestros pensamientos angustiantes repitiendo una y otra vez las mismas cartas.

La angustia se postra en nosotros a modo de ideas obsesivas, de imágenes que se replican en nuestra consciencia sin control y sin horario. Esa angustia puede estar provocada por mil razones: la incertidumbre de tomar una decisión definitiva, el vacío de haber perdido algo muy valioso y no saber cómo recuperarlo, por algún conflicto que nos atraviesa en lo cotidiano, el cual no sabemos enfrentar más que con desesperación, etcétera. Pero la angustia no soluciona nada por sí misma, solo es un camino, uno que puede durar décadas o que puede ser cruzado rápidamente.

La angustia nos orilla a cuestionarnos hasta qué punto estamos siendo honestos con nosotros mismos y hasta dónde estamos simulando serlo, con tal de no tomar una decisión importante. La angustia es la mecha que se prende y nos reta a ser audaces y a correr de donde estamos para no morir calcinados; o nos provoca a apagar el fuego con remedios pasajeros, a pesar de saber que el bosque se incendiará por completo. La angustia puede ser el inicio de un cambio radical en nuestras vidas, o también puede apagarse y convertirse en miedo, en uno que nos regresa nuevamente a nuestra supuesta zona de confort. Eligiendo seguir en ese pequeño infierno que nos consume a pesar de hacerlo sufriendo, optando por lo que repudiamos, pero ya conocemos de antemano, antes que arriesgarnos a sufrir por la incertidumbre de vivir algo que no es completamente predecible ni controlable, pero que quizá pueda ser mucho mejor. Por ello creo que hay dos formas de pensar en la angustia. Como esa que sí es resolutiva, que sí cumple de inspiración para la libertad; y otra que al ser sentida no logra ser tolerada por algunos y se convierte en miedo. En ese afán de aminorar la sensación de abismo abierta por la angustia esta también se puede volver un sentimiento que paraliza, un miedo que nos vuelve incapaces de atravesar y superar la angustia.

Muchas veces, el miedo es el causante de la inmovilidad, provocando justificaciones que congelan a quien lo siente para no tomar decisiones, haciéndolo volver a eso que ya no soporta y quisiera, utópicamente, cambiar. El miedo convierte la posibilidad de cambio en una utopía, mientras que la angustia, la convierte en una decisión, en una resolución que conduce a una posible realidad mejor. En este sentido, la angustia tiene un carácter libertador, mientras que el miedo esclaviza a quien lo siente, lo vuelve prisionero pasivo de una circunstancia no deseada. Heidegger pensó algo parecido para la angustia, considerándola un “temple de ánimo fundamental”; a diferencia del miedo, que lo pensaba más bien como un estado de ánimo que nos llevaba a una existencia impropia, a una vida en la cual dejamos nuestra libertad en manos de otros. La angustia abre, en la filosofía heideggeriana, una sensación de desazón, de no estar más en casa (Nicht-zuhausesein), en contraparte a lo que generalmente sentimos al estar inmersos en el día a día.

La angustia nos vuelca a salirnos de esa vida cotidiana, de esa existencia más bien alienada a un mundo público, a designios ajenos y a decisiones automatizadas. La angustia nos saca de esa seguridad, de esa familiaridad con lo que nos rodea, de la zona de confort, de sentirnos “en casa” (Zuhause-sein), derrumbando dicha certidumbre y trasladándonos a un sitio sin referencias, sin certezas, frente a la “nada” que en realidad somos. Esto significa que la angustia nos vuelve conscientes de que solo y solo nosotros mismos podemos ser los dueños y creadores de nuestra propia existencia.

Parafraseo a Heidegger en su famosa obra Ser y tiempo: “La angustia abre, pues, al ser humano como ser posible, vale decir, como aquello que él puede ser únicamente desde sí mismo”. Vacíandolo de la confortabilidad del sentirse en casa, para evidenciar la estructura entera y la única certeza más originaria de su existencia: que es mortal, que es finito. Ante esta consciencia de la muerte que devela la angustia es como el ser humano logra dar el tránsito hacia una resolución más satisfactoria de su condición actual. Es la angustia la que rompe con esa idea que tiene el ser humano de sí mismo como algo que debe cumplir ciertos designios, deberes o metas impuestas por los demás que no son él mismo. Es en la existencia angustiante cuando comprende la esencia de su ser como algo que va más allá de un objeto al que se le imponen etiquetas y expectativas, que se comprende como lo que es, “nada”, en un sentido contrario a una existencia utilitaria o cosificada por los otros. La existencia angustiante le da al individuo la certeza única de que en la vida no hay certezas, y por ello, él no está supeditado hacia alguna meta concreta, sino que, en su posibilidad más extrema, se encamina hacia una nihilidad, esto significa que su existencia es finita, y que no está trazada por ninguna autoridad ajena a sí mismo, ni existe en su vida ningún destino que habrá que aceptar como cierto –a menos que desafortunadamente así lo desee–, ni mucho menos lo espera una vida eterna después de la muerte.

Por medio de la angustia el ser humano logra hacer la distinción entre sí mismo y su mundo circundante, para entonces comprender el carácter originario de su propio ser, este que no es algo material que se encuentre situado en algún lado, él no es nada. Parafraseo nuevamente a Heidegger en Ser y tiempo: “la nada es la completa negación de la totalidad de lo ente”, lo cual significa que, el ser no es “ni un objeto, ni en absoluto un ente”. De modo que, cuando el ser humano transita por la desazón de la angustia, se vuelca hacia la nada, que es al mismo tiempo un movimiento hacia lo más originario de su existencia: su propio ser.

Esta nada no le ofrece ningún amparo, ninguna cadena respeccional, el sentido del mundo pierde total significatividad, “las cosas caducan” y también las personas que lo rodean, pero al mismo tiempo, ese sentimiento de vacío le revela una verdad que lo empodera: que siempre tiene la posibilidad de comprenderse a sí mismo en su carácter más extremo, “que el ser es y no que el ser no es, y que el ser mismo es el ahí en el que puede comparecer un mundo”.

No solo será a través de una comprensión propia de la muerte mediante la cual el ser humano podría enfrentarse al vacío que le provoca saber que su existencia no tiene un destino fijo, sino que también lo habrá de hacer por medio de la comprensión originaria del carácter temporal de su ser: que no hay forma de escapar a la muerte. Solo así podría colocarse únicamente ante sí mismo y decidir por sí mismo el devenir de su existir. Es aquí donde la comprensión resolutiva de su propia vida puede abrirse paso en un individuo que al estar angustiado logra entender que solo hay posibilidad insuperable y que escapa a su poder, su muerte, y que por ello deberá tener la valentía de ejercer su libertad y la posibilidad de ser lo que desea cuanto antes.

Esa consciencia que el individuo angustiado tiene al comprender que la muerte recorre en todo momento por sus venas, será la que pueda devolverle el aroma y el valor al efímero instante, resignificándolo con la promesa propia de un futuro que se construye desde la propia actualidad, proyectándose de la forma más libre y auténtica a un devenir amado y creado por él mismo. Sin olvidar nunca que, si tarda demasiado en decidir, si demora mucho tiempo en ser para sí mismo quien se ha prometido ser y amar lo que libremente se ha prometido amar, en algún momento la manecilla del reloj se detendrá siempre, y será demasiado tarde para lograrlo.

O como escribiría Nietzsche en el Zaratustra: “quien tiene una meta y un heredero quiere la muerte en el momento justo para la meta y para el heredero”.

Acerca de la autora: Julieta Lomelí Balver (1988)

  • Escribe en Laberinto (Milenio), en Filosofía&Co (Herder, España) y en Revista 360 (Puebla, México).
  • Mujer de trasmundo. No es apta para “esta orilla”, pero sí para construir en granito, una isla interior donde habitan monstruos marinos, amenazas metafísicas y todo un océano de excedente de sentido. Escribe ensayo y arrenda un piso en el costoso edificio de la filosofía.

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OPINIÓN

BUAP, a la vanguardia de las políticas de género

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Por Zeus Munive Rivera / @eljovenzeus

Fotos: esimagen.mx

A diferencia de otras universidades públicas y privadas, la BUAP creó una Dirección Institucional de Igualdad de Género que no solo atiende mujeres, sino a grupos vulnerables y con diferentes orientaciones sexuales, pues el objetivo de esta área no solo es asistir a quienes han sido acosados sexualmente, sino ser un espacio que acompañe a todos aquellos que han sido discriminados por su origen, su tono de piel, su orientación sexual o una condición física que les imposibilite algún tipo de actividad.

Cuando remarcamos la diferencia es porque han creado un protocolo para ayudar, asesorar, acompañar a cualquier estudiante, académico o personal del área administrativa. Esta dependencia universitaria no tiene la visión de cumplir nada más con un requisito ante la ley –que exige una dirección de esta naturaleza en todas las instituciones educativas–, sino que va más allá. 

Por ejemplo, su protocolo, que se actualiza anualmente, ya considera la Ley Olimpia, llamada así a una serie de disposiciones legales que protegen principalmente a las mujeres que han sido grabadas en su intimidad sin su permiso o que distribuyen, en redes sociales, material íntimo para afectar su imagen.

La directora del instituto, María del Carmen García Aguilar, asegura que la dependencia ha roto paradigmas y que la finalidad de dicha área universitaria es garantizar los derechos humanos de cada uno de los integrantes de la comunidad de la BUAP, sin distingos. 

La Dirección Institucional de Igualdad de Género fue creada desde noviembre del 2019, y tiene dos objetivos fundamentales: transversalizar la perspectiva de género en todas las actividades sustantivas adjetivas y atender y prevenir la violencia de género y la discriminación en la máxima casa de estudios de Puebla.

Revista 360º (R360): ¿Por qué la necesidad de crear esta dirección en una institución como la BUAP?

María del Carmen García Aguilar (MCGA): Hay dos razones: por una parte, es evidente que hay violencia. Las alumnas han manifestado su inconformidad por el trato de muchos docentes; incluso han hecho acciones de denuncias públicas por una serie de prácticas que han hecho evidente que son víctimas al ser hostigadas sexualmente; otras más, porque han sido discriminadas solo por el hecho de ser mujeres, en algunas carreras, y había que atender esta necesidad.

R360: Esto ya se venía planeando, porque imagino que no se les ocurrió de la nada.

MCGA: No, claro que no, de hecho todas las dinámicas de género o las dinámicas con perspectiva de género y prevención de la violencia tienen más de tres décadas y, en ese sentido, la primera instancia que empieza a trabajar todas estas problemáticas es el Centro de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL). Desde ese entonces se inicia con trabajos, estudios para prevenir, atender y visibilizar. Fue hasta 2016 que en la misma ANUIES (Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior) se forma una red para atender precisamente la violencia.

Ese programa –creado por dicha Asociación– que le llamaron 10 Pasos para la Igualdad, plantea las necesidades como instituciones de educación superior para atender la violencia de género específicamente, entre esas directrices está la creación de una instancia en todas las universidades que coordine todas las acciones de género.

R360: ¿Tienen representación en cada facultad y preparatorias del estado?

MCGA: Coordinamos varias áreas de la universidad. Este pasado 8 de marzo pasado y el 25 de noviembre presentamos programas institucionales para la prevención y atención de la violencia.

R360: ¿Cómo opera la dirección a su cargo?

MCGA: Contamos con un protocolo de atención y prevención de la violencia y discriminación y ese protocolo es el instrumento que nos permite ordenar y generar la ruta de seguimiento para la presentación de las quejas. Aquí sí es necesario aclarar, por ejemplo, dentro de la universidad lo que se presenta es una queja y tiene ciertas limitantes ¿por qué? porque si rebasa a delito y se presenta denuncia ya corresponde a las fiscalías; la universidad puede acompañar, pero ya no es un caso que pueda resolver la universidad. Corresponde a las autoridades hacer la investigación y deslindar responsabilidades.

La académica explica a los lectores de Revista 360º que el propio protocolo establece cuáles son las instancias a las cuales pueden llegar a presentar la queja. 

“Empezamos el acompañamiento, en qué sentido, somos la Dirección Institucional de Género, y es la propia oficina de la abogada general la única que puede, realmente, digamos, hacer la investigación y, en su caso, sancionar. Esa es la única instancia. 

”Entonces, si vienen con nosotros se les atiende, tenemos el registro, tenemos formatos para levantar las quejas y directamente vamos nosotras con la persona afectada a la oficina de la abogada a presentar la queja, siempre y cuando la persona esté de acuerdo. Tenemos también acompañamiento psicológico si la persona llega en una situación de crisis. Tenemos una persona que nos apoya en ese sentido, nos esperamos a que la persona esté tranquila y decida si quiere continuar o no con el proceso, porque tiene que ser completamente voluntario.

”Entonces, canalizamos, pero ya es una canalización directa, porque nosotros recibimos la queja, llenamos los formatos, hacemos esa primera atención y si la persona quiere continuar entonces acompañamos a la oficina del abogado”.

R360: ¿Qué tipo de queja es más común?

MCGA: En términos generales, son las alumnas las que sufren mayor tipo de hostigamiento y acoso sexual, porque tiene que ver también con su edad. Tiene que ver con la actitud de poder que siente que puede ejercer un maestro hacia las estudiantes. Entonces piensan que, como “yo soy la autoridad”, se sienten con derecho de ir más allá al impartir clases. Por una parte, eso es lo que tenemos mayoritariamente. Sí hemos detectado que  hay acoso al personal docente y administrativo, pero en este caso es más difícil que denuncien. 

R360: ¿Por qué?

MC360: Porque sienten que está en juego su trabajo. Las estudiantes tienen otros recursos, es decir, se pueden cambiar de facultad o de maestro de alguna asignatura, o hasta de universidad si temen por alguna represalia. Pueden, incluso, dejar un tiempo de estudiar y regresar, pero una secretaria, empleada o maestra no puede hacerlo tan fácil, ya que muchas de ellas son madres de familia, sostienen sus hogares económicamente.

La directora de esta área comenta que han desarrollado talleres de sensibilización en prevención de la violencia de género, y que se imparte por igual a hombres y mujeres y a todo tipo de diversidades sexuales.

R360: ¿Cuándo se interesó usted sobre este tema? 

MCGA: Tengo más de tres décadas trabajando estas temáticas. De hecho, mis posgrados han sido en esta área. Me llamó la atención porque desde siempre me inconformaba el maltrato a la mujer o cuando veía que se les hacía menos en el salón de clases. Quizá tiene que ver que nunca lo permití. Me indignaban ciertas actitudes. Yo creo que tiene que ver también la formación familiar. Mi familia, afortunadamente, siempre me respaldó y me ayudó a despertar mi libertad.

R360: ¿Alguna vez fue víctima de acoso?

MCGA: No, al contrario, yo creo que por la formación. A mí siempre me indignaron ciertas situaciones y cuando pude canalizarlas teóricamente, que tuve dos maestras excelentes, en ese sentido, la primera la propia Marcela Lagarde, que tomé seminarios de Antropología de la Mujer con ella, y cuando entré a los posgrados con Graciela Hierro, que fue filósofa y ya falleció.

María del Carmen García estudió Filosofía en la BUAP y posteriormente estudió en la UNAM y en la Universidad Autónoma Metropolitana, es doctora en Ciencias Sociales, en el Área de Relaciones de Poder y Cultura Política; y es maestra en Desarrollo Rural por la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.

La académica explica que el movimiento feminista que estamos viviendo es consecuencia de varias movilizaciones y activistas que llevan años luchando por la equidad de género.

“Hace 30 años, más o menos, sí hubo una dinámica muy fuerte en el país, precisamente como consecuencia de la cuarta Conferencia Mundial de las Mujeres. Para que los países pudiesen participar se pidió un diagnóstico de la condición de las mujeres en sus países, cuando México presentó su diagnóstico, que además para elaborarlo echó mano de las asociaciones civiles y de las académicas, el índice de desarrollo de las mujeres estaba por los suelos. Eso llegó a generar en el Plan de Desarrollo incluir un área para las mujeres y ahí es donde surgen lo que ahora conocemos como los institutos estatales”.

La directora de apoyo a las mujeres en la BUAP relata que las primeras áreas se sustentaban con personal de asociaciones civiles y organizaciones no gubernamentales, además del personal académico que pugnaba por un país libre de violencia. En este proceso, entonces, se impulsa a las universidades a generar espacios que permitan el desarrollo de los estudios de género.

En ese tiempo, quien coordinó el programa nacional era precisamente la doctora Graciela Hierro. “Yo era estudiante de la maestría en la UNAM y eso me permitió presentar la propuesta para la creación del Centro de Estudios de Género y entonces se crea el Centro de Estudios de Género en la Facultad de Filosofía y Letras y el aval lo da la UNAM.

”Dicho sea de paso, pues no fue la única, éramos más de 25 universidades que en ese periodo crearon los centros de estudios llamados de diferente forma, pero en general centros de estudios de género”.

R30: ¿Qué piensa cuando les llaman feminazis a las mujeres que pugnan por la no violencia de género, los crímenes de odio y que exigen equidad?

MCGA: Es indignante, porque no tiene ningún grado de comparación un movimiento con el otro. El nazismo no fue un movimiento, pero, además, denota ignorancia, porque el feminismo desde luego que tiene una postura política, sí, y es no permitir la desigualdad hacia las mujeres, no permitir la violencia. Cuando escucho ese tipo de calificativos siempre les digo “a ver, no les gustan las feministas, incorporarse a la lucha por la igualdad y a la no violencia, el día que ninguna mujer sea discriminada y sea violentada quitamos la bandera del feminismo”.

”Mientras sigamos hablando de violencia, mientras haya feminicidios, ¿cómo no quieren que las mujeres levanten la voz?, porque además quiénes la levantan son las madres, los familiares, los hijos, las hijas. Hay papás que están que están involucrados porque les mataron a una hija por ser mujer o está desaparecida”.

R360: ¿Aumentaron los feminicidios de diez años a la fecha o es la misma estadística, solo que no había redes sociales para denunciarlos?

MCGA: Siempre ha existido el feminicidio, solo que no se catalogaba como tal, sino como un homicidio y, además, antes se justificaba al victimario porque se decía que estaba “celoso”, “tomado”. Cambió la visión. Se tipifica el asesinato a la mujer por ser mujer. Se legisla. Aunque sí debo decir que no todos los jueces aceptan la tipificación de feminicidio y siguen pasándolo como asesinato por motivos “equis”. Entonces, las redes sociales influyen y que ya está catalogado, pero hay un tercer factor en el ambiente: hay una descomposición social evidente.

R360: ¿Es decir, las drogas?

MCGA: Sí. Aunque son muchos factores, desde luego las mujeres representamos ya a la sociedad en puestos de elección popular, tenemos mayor participación en la vida académica, como por ejemplo en la BUAP orgullosamente nos dirige una mujer (Lilia Cedillo) y en el área empresarial hay mujeres que han superado a los hombres como emprendedoras, eso duele a la cultura machista. Yo diría que estamos en un momento de transición en el que todavía no tenemos conformado o tenemos idealizado el mundo que queremos, pero no lo hemos llegado a conformar, estamos en ese proceso de transición, por eso son los momentos de crisis que entra la resistencia, entonces, claro, hay toda una generación, por ejemplo, de hombres que no reconocen que son violentos. No lo quieren reconocer y menos quieren pensar en cambiar. Entonces generan una resistencia que produce ira y la externan, ¿cómo? generalmente descargándola contra las mujeres.

R360: ¿La envidia y la frustración del macho son factores?

MCGA:  Sí, muchas veces, la pareja como tal no acepta estos cambios. Lo que tiene que hacer es trabajar con su masculinidad, es decir, bueno, a ver, ¿qué está pasando conmigo?, ¿por qué me comporto así? Afortunadamente ya hay grupos de ayuda para resignificar la masculinidad. Deben participar los hombres ahí, ¿por qué?, porque sí es cierto que hay masculinidad hegemónica que les ha enseñado a los hombres a ser violentos. Si revisamos los índices de mortalidad de los hombres es muy alto en cuestión de accidentes, ¿por qué? Porque aceptan los retos muy fácilmente; porque están acostumbrados a tener que demostrar que son muy hombres y entonces cómo no van a aceptar el reto: a ver quién maneja más rápido, quién es más fuerte, quién aguanta tomando más. Entonces el riesgo es mayor, bueno incluso hasta con el cubrebocas, ¿quiénes lo usan menos?

R360: ¿El hombre?

MCGA: Claro, hay ya estadísticas, pero véalo en la calle y en verdad son los hombres que se cuidan menos ¿por qué? Porque se dicen a sí mismos: “a mí no me pasa nada”.

R360: No se trata tampoco de aniquilar a los hombres…

MCGA: No, claro que no. También es un prejuicio que le han atribuido al feminismo y que creo que más bien es así como a generar ciertas conceptualizaciones sobre el feminismo para detenerlo. No es la guerra de los sexos ni para que los hombres ya no estén y ya no participen, no, para nada, es decir, finalmente somos personas y como personas tenemos potencialidades distintas, aquí lo importante es generar pisos parejos para que esas potencialidades puedan desarrollarse en las mismas condiciones, entonces si una chica tiene las facultades, las habilidades, las capacidades para desarrollar y desarrollarse en un área científica, ¿por qué se lo vamos a impedir?, ¿por qué es mujer? No, y si un chico tiene las aptitudes, capacidades, habilidades y el gusto por la cocina, ¿por qué no va a ser cocinero?

Sin embargo los roles sexuales se siguen imponiendo y lo vimos ahorita con el confinamiento, se acentuó la violencia, las mujeres tienen mayor carga de trabajo, ¿por qué? pues porque al estar confinadas entonces absorben toda la carga del trabajo doméstico, habrá algunos o algunas parejas que contribuyan a esa carga, pero la mayoría se la lleva la mujer”.

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