Menudo día para abrir el Cielito Querido, precisamente hoy que el otro cielo, el de arriba, está cerrado, imponente, imposible. Pero aquí abajo, a ras de suelo, se trata de café, gusto para unos, vicio para otros. Con esta ya son, ¿cuántas?, tres cafeterías en esta ciudad. Va el dato curioso: esta tercera, aquí en Cholula, también la pusieron enfrente de la otra, igual que en la 43, ¿sí sabes cuál?, la de la sirena, la más cara y, dicen, la más nais.

Se nota que ya la esperaban con ansia: ha de verse el gentío que abarrota el interior del local, y las colas que hay afuera para poder entrar. Les valió la lluvia, ahí traen los paraguas y que aguante el que más pueda, de aquí nadie se va sin haber probado la novedad. Según iba a haber cata para los medios, pero se han de haber hecho pelotas con tanta gente que ya esperaba su probada de cielito.

Vamos, pues, a entrarle a los empujones. Que quítate, que viene un capuchino, que a la señorita ya le tocó arrimón con sabor latte descafeinado, qué barbaridad con esta premura de la gente. Se me hace que la lluvia contribuyó al descaro: pues sí, ya parece que en mañana calurosa se iban a estar matando por un vaso de café. Ve nada más lo mojados que ya estamos y todavía no pasamos de la entrada, aunque ya me llega el olor del grano recién tostado, las máquinas que bufan como tren por su estreno.

Con tanto apretujón no me ha dado tiempo pensar de qué lo voy a pedir, no quiero ser como esa señorita de hasta adelante que ya en plena caja todavía está pensando en la eternidad del alma. En fin, hay chance, ya se ve que van saliendo algunos, con su vaso en la mano, pero con cara de fastidio, faltaba menos. A ver si no se pone así todos los días…o, pensándolo bien, mejor sí, total: esta es cafetería completamente mexicana y de eso se trata el sentir en estos tiempos, ¿no?

Bueno, llegó el momento, por fin adentro y parece sindicato en día de asamblea. Todos ordenan, comentan, deciden y en medio de semejante trajín, ¡ay joven!, ya se le cayó la bebida, vea nomás, ahora con una servilletita y a aguantarse las ganas de mentársela al primero que se atraviese. Aquí el humor es lo que sobra en las paredes, se nota su cariño por el lenguaje, de eso va su identidad.

Por fin enfrente. Americano. Ni hablar, mejor lo sencillo. Ya habrá tiempo de venir a probar todo lo demás. Bien valió la pena tanto empujón, la lluvia, la espera. Con cuidadito levanto el brazo para tomármelo y que no me pase lo que al joven de hacer rato. Bueno, muy bueno, me voy saliendo y afuera el panorama sigue igual: lluvia, gente, y…no se me desesperen, en cualquier momento pasan. Mientras yo me voy tomando mi cafecito a su salud.