Calaveritas talladas en calabazas de Castilla

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Las calabazas de Castilla son un fruto de cáscara dura de la familia de las cucurbitáceas (cucurbita spp.), diversas especies se cultivan en México; tienen formas elípticas, piriformes o subglobosas, su pulpa es anaranjada o amarilla y su cáscara es gruesa con surcos muy marcados. En la región central de México se encuentran de colores verde oscuro o pálido, marrón y blanco, las hay a rayas y moteadas. Contienen fibra, aminoácidos, vitaminas, minerales, entre otros.

Las calabazas se siembran en la milpa y son cosechadas como fruto maduro de septiembre a diciembre, son utilizadas para elaborar calabaza en tacha o dulce de calabaza, calabaza horneada, calabaza cristalizada, calabaza cocida, chacualole y atole de calabaza, algunos de estos dulces se colocan en las ofrendas y altares de Día de Muertos o Todos Santos el 1 y 2 de noviembre. En estas fechas las calabazas también son utilizadas por lo(a)s niñ(a)s para tallar sobre ellas calaveras con cuencas y muecas enojadas, tristes, chimuelas, etc. a la manera de las calabazas naranjas de Halloween, con ellas lo(a)s niñ(a)s piden algunas monedas o dulces los días previos y durante el Día de muertos resultado del sincretismo con las festividades de Halloween, aunque tienen una significación distinta, mientras que las calabazas de Halloween con horrendas muecas son protectoras de infortunios, en México, las calabazas talladas representan una calavera o cráneo asociado al culto a la muerte que proviene desde la época prehispánica.

Tallar las calaveras en las calabazas de Castilla o chilacayotes es un costumbre que surge en la época colonial, se ha ido extinguiendo y transformando con la popularización de las calabazas y calaveras de plástico pero está muy arraigada entre quienes todavía se encuentran en comunidades dedicadas al cultivo de la milpa donde a veces son colocadas en los altares y ofrendas de Día de Muertos. También son una añoranza de los adultos que cuando niños escogían una calabaza, la recortaban alrededor del pedúnculo como si fuera un sombrero, retiraban las semillas o pepitas, tallaban la calavera, colocaban una vela en su interior y la encendían en la noche para que pareciera un terrorífico farol; luego salían a la calle de puerta en puerta a pedir calaverita, es decir, pedían dulces o monedas para alimentarla sin necesidad de llevar un disfraz.

Actualmente, lo(a)s niñ(a)s salen a las calles y plazas públicas para pedir calaverita con calabazas de plástico, la mayoría de las veces no cantan ni leen calaveritas literarias (composición en verso tradicional) y excepcionalmente ellos o sus familiares se toman el tiempo de tallar de forma creativa e ingeniosa una calabaza de Castilla, un fruto único, de temporada, considerada hermana del maíz y el frijol, afianzada al contexto agroalimentario local; se adquieren en los mercados locales o con los agricultores de los municipios porque no es un cultivo con alto valor en el mercado a excepción de sus semillas o pepitas.

Retomar y revalorar las calaveritas talladas en calabazas de Castilla contribuye a preservar su cultivo como parte de la agricultura tradicional de temporal, fomenta el consumo local, al tratarse de un fruto siempre tendremos la certeza de que no contaminará a diferencia del plástico porque se degrada o incluso puede consumirse porque no perece con facilidad, y sus semillas o pepitas se pueden lavar y secar para consumirlas tostadas, en pipianes o para elaborar pastas de dulces llamadas jamoncillos con los que se elaboran figuras de coloridos animalitos comestibles que se colocan en los altares y ofrendas de Día de muertos.

Las caminatas para pedir calaverita o reuniones en plazas públicas son una oportunidad para llevar calaveras talladas de calabazas de Castilla y/o chilacayotes; las escuelas, centros educativos y culturales son espacios propicios para la promoción de concursos y otras expresiones. Un entusiasta grupo de horticultores y foodies o comidistas ha iniciado la revaloración y promoción de festivales de calaveras talladas en calabazas de Castilla y chilacayotes para mostrar la importancia alimenticia y cultural de este fruto, así como para recordarnos que la muerte en México se pinta, se talla, se canta, se escribe y se come.

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Calaverita literaria a la calabaza de Castilla

¡Ay calabaza de Castilla!, te quiero porque

pareces un cráneo con regordetas mejillas.

¡Socarrona¡, que haría yo si no te cosechara en la milpa,

allá donde permaneces recostadita cada

temporada anunciando que la pisca se avecina.

Horadada e iluminada me recuerdas que debo llevarte

como una linternita que ilumina a mis muertos de allá arriba.

¡Ay calabaza de Castilla!, inspiras mis mejores romerías y

provocas el querer comerte a mordidas.

anateyssi@gmail.com

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