Por fin con “su primera esposa, su hermosa y querida Raquel”

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Por Marco Antonio Martínez

Este sábado 6 de octubre se celebró el día del beato Palafox de Mendoza y el domingo 7 a las 10:00 a.m. en la Catedral de Puebla se entronó la escultura que fue hecha en España.

Empiezo contándoles que don Jaime Marqués de Ariza tuvo un amor escondido con una noble aragonesa llamada Ana de Casanate y Espés, quien fue viuda. Para evitar la “vergüenza” de que la descubrieran, ya que había quedado embarazada, se fue a los baños termales de Fitero en Navarra, cerca de Aragón.

Una vez ahí, tuvo el parto Dona Ana y la acompañaba una sirvienta que era de todas sus confianzas, sin la ayuda de ninguna partera o comadrona. Dio a luz en su cuarto, en donde hay una hospedería, anexa a los baños.

En cuanto nació el niño le dijo a su sirvienta que se deshiciera del infante, que lo echara donde pudiera; la sirvienta puso al recién nacido en un cesto de ropa sucia y salió furtivamente de la hospedería, rumbo al río que pasa ahí.

Cuando iba a su encomienda, quiso Dios que el encargado de los baños pasara justo a esa misma hora, don Pedro Navarro, a quien se le hizo raro que la sirvienta en la madrugada anduviera con un cesto de ropa, y le preguntó qué llevaba ahí y ella le contestó que era ropa para lavar. Por obra de Dios al mismo momento que le contestaba, lloró la criatura, debido a eso, le arrebató el cesto y descubrió al niño adentro y le inquirió una vez más lo qué iba a hacer la pobre desdichada, quien se puso a llorar y le contó todo.

Don Pedro Navarro le dijo que le dijera a su ama que hizo lo que le ordenó y que él se iba a quedar con el niño y así lo hizo.

Foto por: @ClaraZq

Por supuesto la sirvienta, por miedo, no le contó la verdad, sólo le dijo que lo había tirado. Juan creció con su padrastro hasta los nueve años, cuando don Pedro se encontró a don Jaime de Palafox y durante la plática le confesó lo que había pasado, el otro se llenó de vergüenza y le pidió perdón, además de agradecerle por haber salvado a la criatura y decidió quedarse con su hijo el marqués.

Cuando se enteró Ana de Casanate, se llenó de arrepentimiento, dejó todo y se metió de monja en la orden de las carmelitas descalzas en Tarazona.

Palafox entró al seminario para estudiar la carrera eclesiástica. Conoció al famoso conde duque de Olivares, quien trabajaba de valido con Felipe IV. Fue nombrado tesorero y en 1629 se ordenó sacerdote en la capilla militar. Consentido del duque, siempre contó con buenos puestos hasta que en 1639 el rey, debido a las quejas de la Nueva España por corrupción, pidió consejos y todos coincidieron en nombrar a Juan de Palafox, quien era el hombre  indicado para dicha tarea, le escribió al papa Inocencio X, quien contestó lo siguiente: “conozco a don Juan de Palafox y Mendoza desde que estuve de nuncio en España y le tengo por hombre de tanto valor y virtud, que si él no pone en orden el gobierno de su iglesia en América, no habrá obispo que lo haga”. Claro que lo envió el rey.

En 1640 Palafox llega a la Nueva España con el título de   Virrey interino con grado de Visitador, también llegó como Obispo, cuyo nombramiento era el original. Pronto murió el arzobispo de México y el cabildo de la catedral propuso a Juan como Arzobispo.

Desde 1643 se vino a la Puebla de los Ángeles a trabajar una vez que ya había renunciado al virreinato y al arzobispado de México.

Su esfuerzo era titánico terminar la catedral, reparar las iglesias, organizar las parroquias, visitar la grandísima Diócesis, la cual la recorrió seis veces, entre lluvias, nevadas, a caballo, a pie, en carruaje.

Los estudiantes del Espíritu Santo de la Compañía de Jesús se manifestaron con muñecos de trapo que criticaban al arzobispo, jamás visto antes en la Puebla, todo esto provocado por el pleito político contra los jesuitas.

El Conde Duque de Olivares cayó de la confianza del rey, por lo que el poderoso monarca se creyó las acusaciones contra Palafox y lo quitó del puesto de Obispo en 1649.

A Palafox sólo le dio tiempo de consagrar a la Catedral el 18 de abril de ese mismo año de su partida, aún sin terminar sus torres, sin los retablos de las capillas. Al día siguiente partió primero para su adorado San Miguel del Milagro y de ahí para Veracruz hacia España.

Iba dejando atrás a “su primera esposa, su hermosa y querida Raquel” de la Puebla de los Ángeles donde él mandó a construir su tumba al pie del Altar del Perdón y donde tenía la esperanza de algún día tal vez volver para descansar en la casa de su amada catedral, su iglesia.

En 1653 fue nombrado obispo de Osma como destierro, y también parte del consejo de Aragón. El rey quiso cobrar impuestos a la iglesia, sin embargo Palafox levantó su voz quien le dijo que no tenía derecho de cobrarle a Dios impuestos, por lo que el rey lo amenazó. Palafox con la tristeza en el alma, murió un 1 de octubre de 1659 y fue sepultado en la catedral de Osma.

Espero que les haya gustado esta crónica sobre nuestro noveno obispo y ahora beato a mis apreciables lectores, si gustan compartirme alguna historia amena de su comunidad o hacerme algún comentario, pongo a su disposición el siguiente número de WhatsApp que es el 22 25 61 95 41 o me pueden enviar un correo electrónico a la cuenta de marco_anthony@hotmail.com Estoy a sus órdenes para quien guste un recorrido por sitios turísticos de interés de Puebla, se despide de ustedes su humilde servidor.

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