Calpan y su conjunto escultórico Popocatépetl e Iztaccíhuatl

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En el apacible y pintoresco municipio de Calpan en el Estado de Puebla, la vieja y modesta rotonda o glorieta de piedra de cantera en la que convergen las carreteras Huejotzingo-Calpan y Cholula-Calpan llamado comúnmente por sus habitantes “el crucero”; punto de paso, reunión y referencia obligada de sus habitantes y visitantes, fue sustituida por un conjunto escultórico inspirado en la leyenda de los volcanes Popocatépet y la Iztaccíhuatl

El conjunto está formado por una rotonda que surge de la inflorescencia o capítulo floral de un girasol retomado de los rosetones tallados en piedra de la capilla posa dedicada a la Virgen María del Exconvento franciscano siglo XVI declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad (1994) ubicado en el mismo municipio y por una escultura de bronce de 3.60 metros de frente al oriente del escultor Antonio Haghenbeck.

La rotonda tiene un basamento con un muro llorón sobre la que se colocó una escultura que representa la leyenda prehispánica de amor y tragedia de un guerrero y una doncella, asociada a la formación de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl ubicados en las estribaciones del municipio como parte de la sierra nevada, en la cosmovisión de los pueblos originarios los volcanes eran personas. A simple vista un hombre indígena cabizbajo sostiene entre sus brazos a una mujer que yace sin vida, el hombre está ataviado con un penacho, taparrabo (maxtlatl), tilma o capa (tilmatli) y huaraches, su tilma y sus rodilleras llevan rosetones de girasoles que el escultor incorporó como parte del sincretismo cultural y religioso de los pueblos prehispánicos y los españoles.

Alrededor del basamento se creó un jardín sobre el que se colocaron diversos redondeles de concreto a manera de macetones de color blanco que representan los flósculos del girasol (panel de flores que crecen muy juntas), bordeados por un redondel rojizo y sobre el arroyo vial se estamparon las lígulas o pétalos que resaltan el conjunto escultórico aunque no tienen el color propio de la inflorescencia de los girasoles.

La rotonda y su conceptualización resultan interesantes, es innegable la belleza de la escultura, sin embargo la elección de la escultura no se sometió a consideración y consenso de sus habitantes que cotidianamente tienen a la vista los majestuosos volcanes; si bien la escultura es una representación iconográfica, existen elementos históricos, tradiciones, usos y costumbres que pudieron representar la auténtica identidad del municipio y sus habitantes: las actividades agrícolas, las huertas de exquisitos frutos que han dado lugar a la feria anual del chile en nogada y el reconocimiento del municipio como cuna mexicana de la nuez de castilla, las carretas de animales de tiro, las casas de tapia, la historia contemporánea, los esfuerzos de sus habitantes para mejorar su entorno, expresiones culturales propias del municipio, etc. Quizá esto hubiera permitido un adecuado posicionamiento entre sus habitantes para apropiarse e identificarse con ella, máxime cuando el municipio tiene una creciente vocación turística y las necesidades de infraestructura y desarrollo urbano son enormes.

Sentada en una banca, una pequeña niña señalando a la escultura le pregunta a su madre: -¿Quién es?, ¿es un indio?, la madre responde; -Sí, son los volcanes, tienen su historia pero no me la sé, la niña prosigue: ¿Es un sombrero? Y la madre responde: -No sé cómo se llama; una mujer adulta mayor que camina en las inmediaciones de la rotonda pregunta a su hija: -¿Fue una historia real?, la hija responde: -¡No!, es una leyenda, la madre increpa: -Entonces, ¿es una fantasía? Independientemente de nuestra edad y condición sociocultural, cuando vemos una intervención en un espacio público, vemos lo que vemos, sentimos lo que sentimos, pensamos lo que pensamos.

El conjunto escultórico fue inaugurado 29 de julio de 2018, días después se colocó una reja con barrotes que terminan en puntas de lanza al margen de la rotonda y que sólo permite caminar a su rededor e imposibilita sentarse en los redondeles de concreto que bien podían haber incorporado la misma textura y color de los flósculos del girasol para que las personas pudieran sentarse o acercarse a la escultura.

Si nos preguntáramos si la intervención de la rotonda era necesaria la respuesta contundente es sí, porque dignificó la imagen urbana de este espacio público, puerta de entrada que da la bienvenida al municipio; si nos preguntáramos si la escultura era necesaria, al tiempo, veremos y diremos.

anateyssi@gmail.com

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