La Leyenda de la Casa del Perro

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Por Marco Antonio Martínez

Nadie puede fijar la fecha de su construcción y tampoco de la estatua que remata el edificio de la 9 poniente y esquina 3 sur. Se dice que dicha casa perteneció a uno de los conquistadores españoles que dominó Tepeaca recordando que una de las estrategias fundamentales españolas de lucha fue el uso de grandes y feroces perros entrenados para atacar a los indígenas en sus partes nobles. Se decía que el “aperramiento” de indígenas había sido una de las diversiones favoritas de este detestable personaje.

Otros decían que la estatua era hueca y que el propietario había encontrado un tesoro en monedas de oro y por eso la estatua seguía en ese lugar.

A inicios del siglo XVIII llega a la ciudad Don Juan de Illescas proveniente de España el cual después de mucho buscar ocupa esta casa la cual pertenecía a las madres del convento de Santa Inés y estaba abandonada debido a las tantas historias que se contaban de ella. Los Illescas se convierten en poco tiempo en una bonita y respetable familia de Puebla dado que el comercio de esclavos Chinos en la ciudad era controlado por él, así que nadie podía darse el lujo de tener un esclavo Chino sino era por intermedio de Don Juan.

De extrañas costumbres como la bañarse todos los días y con rasgos distintos a la mayoría de los españoles y sobre todo su nula atracción por los productos del cerdo provocaron que el nuevo inquisidor fijara sus sospechas sobre este hombre y así en una noche oscura llamaron a la puerta de la casa de los Illescas y al preguntar ¿quién vive? la respuesta fue la más temida de ese entonces ¡La santa inquisición!

Isaac Sefarad era el verdadero nombre de Don Juan ahora preso en los calabozos de la inquisición pero su esposa y su hija quedaron en la casa solas y en la siguiente noche Sara la esposa de Don Juan despertó repentinamente después de una pesadilla y cuando lo hizo sintió la presencia de un ser en su habitación, giro la cabeza hacia todos lados y hasta que finalmente al frente de su cama descubrió unos ojos enormes que la observaban eran los ojos de un enorme perro, quiso gritar, pero sólo salió un sonido hueco de su boca, el perro no dejaba de mirarla y después de unos segundos comenzó a moverse hacia la puerta haciendo la invitación muda a ser seguido por, ella se levantó y detrás de él descendieron por las escaleras hasta la cocina de la casa y en un rincón de ella pudo ver como brotaba una extraña luz azul, cuando se acercó lo suficiente pudo ver al perro sollozando y señalando una misteriosa grieta en la pared tomando cucharones y cuchillos a manera de herramientas comenzó a romper la pared y a medida que avanzaba la luz se hacía más intensa, cuando el recubrimiento cedió ella pudo ver los restos de un animal emparedado muchos siglos atrás, con un letrero que decía “Al único amigo que tuve en vida”. Debajo había un cofre lleno de monedas de oro.

A la mañana siguiente en los calabozos de la inquisición se notifica que un reo ha escapado ¿cómo logró Don Juan escapar del calabozo, cómo pasaron los controles de seguridad que había en los puentes de salida? o ¿realmente el inquisidor aceptó ese dinero?. Muchos años se especuló sobre lo que realmente pasó esa noche cuando la temible inquisición perdió un preso.

Pocos meses después una carreta vieja y jalada por mulas llegó al norte del país era conducida por una mujer, al lado de ella iba su hija y en la parte posterior su esposo convaleciente de muchas heridas que según ella fueron causadas por asaltantes.

Hoy en día, el Perro de la Casa de la esquina de la 9 poniente y 3 sur, ya no se encuentra más, ya que el terremoto del 19 de septiembre de 2017, provocó que se cayera y se hiciera pedazos, sin embargo esperemos que sus dueños lo manden a reparar para que siga vigilando como lo había hecho desde entonces desde esa azotea.

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