Pepe Siatos: poblano no, pero chingón sí

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En la calle 31 Poniente de la ciudad de Puebla, desde temprano y de lunes a sábado, una leyenda que es conocida no sólo en el país sino a nivel internacional baja de su auto, un Renault color gris, para abrir su taller mecánico y ponerse a crear. ¿Cómo?, ¿a crear?, sí, a inventar, mejorar, planear, desarmar para volver a armar, está todo el tiempo creando, planeando y liderando a un equipo de trabajadores que lo quieren, lo admiran, lo siguen. Uno de ellos, le dice a este reportero: “yo estoy aquí por él, porque es como un segundo papá. Le he aprendido todo y yo con él me quedo hasta el final”.

¿Quién es? No coman ansias. Les aseguro que es una leyenda en el mundo del automovilismo y lo tenemos viviendo aquí con su esposa desde 1985, que si bien no es poblano de nacimiento, ya fue adoptado como tal, pues hasta él mismo lo dice: “mis mejores amigos están aquí en Puebla. Cuando tuve mi accidente, mis grandes amigos que son poblanos estuvieron ahí ayudándome a mi y a mi esposa que no dejó de cuidarme”. Tiene 72 años y ha corrido más de 500 carreras ( y decimos más porque ya ni él lleva la cuenta) de las cuales ha ganado poco más de la mitad.

¿No dan quién es? Un dato elocuente: el piloto Adrián Fernández se ha detenido para saludarlo, así como Michele Jordain Jr. Esto es un ejemplo para que vean que ha corrido y los grandes lo respetan, para que vean que es una leyenda viviente y que lo tenemos aquí junto a un restaurante de comida oaxaqueña. Su nombre es José Luis Gómez Estrada, pero todos en el mundo del automovilismo lo llama “Pepe”, “Pepe Siatos”.

La vida automovilística de don Pepe empezó a principios de los años sesenta en la Ciudad de México, otra metrópoli totalmente distinta a la que hoy conocemos: no había ni la contaminación, ni los ruidos de los cláxones, ni el tráfico. Era el México de los sesenta, el de la promesa porque el dólar estaba a doce pesos y de los viejos (con tres ceros), en el que se comenzaba a escuchar rock and roll en español. Enrique Guzmán, César Costa, Johnny Laboriel, Alberto Vázquez, Julissa, Angélica María eran los ídolos del momento. Los Beatles se escuchaban en Radio Exitos o en La Pantera (ambas estaciones de radio, desaparecidas).

Mientras, a los jóvenes de la época se les decía “rebeldes sin causa” señalados así por la película de James Dean, un muchacho de nombre José Luis Gómez pidió trabajo en un taller mecánico y comenzó desde cero, ayudando, cargando, viendo y aprendiendo. Tuvo la suerte que el dueño del taller era un coleccionista de autos y corredor de carreras.

“Nos pagaba y nos mandaba con su auto a las pistas donde Moisés Solana corría. Nos regresábamos con el auto al taller y desde esa época supe que me dedicaría a las carreras de coches”.

-¿Qué lo motivó?

-La adrenalina. La velocidad. A mi me gusta eso. Me he dedicado toda mi vida a las carreras, a vivir el momento.

-¿Nada lo detuvo?

-Nada, esto es una pasión. Es para la gente que le gustan los autos.

Y es cierto, hace ya casi cuatro años, quién lo dijera, don Pepe Siatos fue atropellado por un auto, mientras él iba en una motocicleta. El accidente lo llevó al hospital. Ahí los especialistas estuvieron a punto de amputar su pierna izquierda, pero su esposa se opuso y lograron recuperarla. No obstante, don Pepe usa una férula. Nada lo detuvo para volver a encender un auto, pues en la entrada de su taller mecánico hay un caribe 81 color plata que nuestro entrevistado lo usa aún para correr en el autódromo. ¿Cómo? Puso un aditamento para el clutch y el cambio de velocidades.

Es decir, ante la adversidad, nunca se dio por vencido, al contrario, eso lo hizo ir para adelante. Actualmente él y sus trabajadores se dedican a inventar una silla de ruedas eléctrica, pues después de la tragedia que sufrió se dio cuenta que una de sus misiones era que tenía que ayudar a la gente que menos tiene y que ha enfrentado un accidente.

José Siatos tuvo la primera oportunidad de correr en 1964, aquí en Puebla. El lugar: el circuito que rodea el Fuerte de Loreto. Una carretera muy difícil porque las vueltas son muy cerradas y ante cualquier contratiempo, cualquier persona puede salir volando con el automóvil ya que está en un cerro.

En alguna ocasión, por ejemplo, Michel Jordain se estrelló contra un poste de luz en 1969 lo que provocó que dejó sin electricidad a una buena parte de Puebla, ya que en ese entonces, la mancha urbana de la Angelópolis no era tan grande como actualmente es. Es más, los cerros de Loreto y Guadalupe no estaban gentrificados como ahora que hay casas en sus faldas, no, en ese entonces, eran cerros rodeados de Pinos y eso hacía más difícil las carreras que se celebraban en Puebla.

Unos años antes a ese 1964, don José iniciaba como él mismo lo dice entre risas y veras “como asesor… porque haces ora’ esto, haces ora’ lo otro. Lavaba piezas, y era el que llevaba y traía en el taller mecánico. Un año no cobré nada. Era puro amor al arte. Ahí fue cuando me les pegué a los hermanos Piñeiro que eran corredores”. La vida de don Pepe Siatos cambió para siempre.

-¿Por qué Siatos?

-Yo corrí y fui campeón nacional de la categoría Pony que estaba diseñado para autos pequeños, Renault y Datsun, que cuando los arreglabas eran unos verdaderos bólidos. En ese entonces estaba una línea de autos llamada Siata (Sociedad Italiana de Transformación y Accesorios para Automóviles) que desapareció a mediados de los 70. Yo llegué a correr en esa línea de coches y llegué a estar en varias carreras con esa marca. Por eso, me llamaron Siatos porque era un gran corredor. Ahora, si hablan de mi parte y me presentan como José Luis Gómez, nadie me conoce, tienen que decir: “de parte de Pepe Siatos” y responden “Ah, de Pepe, me hubiera dicho así”. Todos ya me conocen como Siatos.

-¿Le molesta?

-No, para nada, es como parte de un sello o una marca. He hecho muchos amigos por las carreras y es muy gratificante que me llamen así, porque sé que soy su amigo.

Pepe Siatos corrió incluso en el famoso circuito Avándaro, el cual fue suspendido en 1969 tras la fatídica muerte de Moisés Solana, a quien conoció nuestro entrevistado y que fue contemporáneo de los hermanos Rodríguez, Pedro y Ricardo, por quienes en su honor llevan el nombre del autódromo de la Ciudad de México.

José Siatos ha corrido en la categoría Pony: Renault, Volkswagen y Datsun. Ha participado desde 1964 hasta hace unos cuantos años. A la fecha, no ha dejado de hacer prácticas en el autódromo de Amozoc. Seguido va ahí, y pone su caribe a prueba.

“Ya me ha tocado encontrarme a algunos muchachos que no creen lo que soy capaz de hacer con mi caribe. Me han retado en el autódromo a donde voy a dar mis vueltecitas”.

-¿Aún con su accidente, don Pepe?

-Sí, sí, claro, yo diseñé una pieza para poder seguir corriendo. Y cuando me han retado les he puesto a prueba tanto la velocidad, destreza y sobre todo el auto. Un buen auto puede correr siempre y cuando tenga una buena máquina arreglada para ello. Y para eso hay que saber y saber disfrutar de la maquinaria del coche. Actualmente es muy fácil llegar a un taller para que lo modifiquen y solo lo hagan con marcas de lujo, pero la verdad es que cuando uno vive de esto y antes sin la tecnología que hay ahora, era saber de piezas y saber qué hacer para que no se calentara la máquina y sobreviviera.

-Bueno, y ¿les gana don Pepe?

-Nada más te diré lo siguiente: todos se quedan atrás, y al final me van a estrechar la mano. Solo ven como los rebaso.

Don José Siatos tiene una pequeña oficina en la parte trasera de su taller, ahí nos recibe para la entrevista. En cada uno de los estantes que rodean el cuarto, hay libros, revistas y álbumes de fotos de toda su carrera profesional en el automovilismo. Tiene además, una colección de automóviles a escala.

Hay recortes de toda su trayectoria impresa en diversos periódicos de circulación nacional.

-¿Se arrepiente de algo, don Pepe?

-A esta edad, no. He hecho de todo. Empecé en un taller y actualmente mi vida es el taller. He hecho todo con mucha pasión.

-¿Qué le recomienda a la gente joven que quiere seguir sus pasos?

-Siempre les digo que hagan lo que les apasiona. Y que si de veras les gustan las carreras de coches que se dediquen, que se acerquen a profesionales. Es un trabajo que exige mucho sacrificios pero que tiene muchas satisfacciones, que no se dejen vencer por el miedo. Es un deporte extremo que hay que tomar muchas precauciones, pero en verdad, si les gusta, si les apasiona, si les llena, háganlo, sigan sus sueños.

Don Pepe nos muestra sus fotos. Se le ve orgulloso. En una de las paredes está colgado su uniforme con el cual corrió muchísimas carreras. Es una leyenda viva que la tenemos cerca y que aunque no es poblano, como si lo fuera.

Tiene muchísimos amigos. Mientras se desarrolla la entrevista, un joven se mostraba emocionado al ver platicar a don Pepe Siatos. “Platícales sobre Michel Jourdain Jr. Un día detuvo su auto para saludarte igual que lo hizo Adrián Fernández. Todos lo conocen”.

Es cierto, hace poco más de dos meses, mientras el que esto escribe acompañaba a grabar un video a unos chicos que tienen una app para celulares para reparación de automóviles, se acercaron a platicar con don Pepe Siatos y a tomarse fotos con él.

Don Pepe es una leyenda viva que camina con su bastón y que él mismo ha desarrollado una férula para la bota de su pierna que quedó con cicatrices después del accidente. Él mismo fue quien se puso de pie y salió adelante y no ha dejado de trabajar en su taller.

-Oiga don Pepe, ¿para usted que es ser chingón?

-Es hacer lo que más disfrutas y hacerlo bien.

-¿Es usted un poblano chingón?

-Poblano no, pero chingón, sí.

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