El espíritu de Hannibal Lecter en el PRI

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El zapping es un término anglosajón que se refiere al arte de saltar canales de televisión con el control en la mano. Es ver todos sin ver nada al mismo tiempo. El hombre (macho alfa, pelo en pecho, espalda plateada y no sé cuántos atributos más), se sienta en el sillón de su casa y comienza a hacer zapping. De pronto se topará con el canal de National Geographic y encontrará un documental sobre canibalismo. Ya saben: es el hecho de comer animales de su misma especie, principalmente entre hombres.

El canibalismo se celebraba en algunas zonas del Caribe y otras en África. En algunos casos, y espero no se tome de manera peyorativa, algunos marinistas, zavalistas o integrantes del PSI cometen canibalismo mientras se acaban las caguamas de cerveza Indio, pero, esa es otra historia.

Bien, pues le tengo una gran noticia a usted que tiene el pelo en pecho y el lomo plateado (espero que sea un hombre al que me refiero, pero en caso se ser mujer… bueno, también es una buena noticia), se trata de que en Puebla capital ya se practica el canibalismo.

No es necesario que prenda su televisor, no hace falta que se siente en el sillón de su casa, ni que mientras practique el zapping, sus hijos o su esposa le reclamen porque no está viendo un canal en especial. Es más fácil de lo que parece: dese una vuelta al PRI tanto de la Diagonal [Defensores de la República] como de la 5 Poniente. Y mire nada más cómo les encanta comerse entre esa raza de hombres que no se soportan ni a sí mismos.

Si bien es cierto que existe la idea, no confirmada, de que todo lo electoral está pactado en Puebla: Meade a la presidencia, Martha Erika a la gubernatura, Eduardo Rivera a la alcaldía (en este caso aún hay serias dudas, no por Lalo, sino porque también hay panistas caníbales), en el PRI hay una guerra intestina (interna, pues, no piense en una de flatulencias o gorgoritos en la panza) que quieren hacer a un lado a Guillermo Deloya Cobián.

Así como lo escucha.

De pronto, una horda comenzó a atacarlo. Algunos piensan que viene del lado opuesto (PAN, gobierno del estado y alcaldía), pero hay priistas que consideran que es propio, que podría ir (aquí subrayo podría porque aún no nos consta) desde el propio Enrique Doger Guerrero, aspirante a la gubernatura a militantes como Gerardo Mejía, Lucero Saldaña y hasta Sandra Montalvo.

De Doger, comentan los propios priistas, ya saben cómo actúa: echa a pelear a sus subalternos con medias verdades. ¿Recuerdan en la BUAP cuando Guillermo Nares, secretario General, estaba peleado a muerte con Javier Casique?, ¿o cuando fue alcalde de Puebla y había dos grupos: los rudos y los técnicos, en el primero estaba Javier Casique junto con Omar Álvarez Arronte y en el otro Alberto Ventosa junto con Ignacio Mier.

Algunos militantes del tricolor que confiaron en este aporreador de teclas, incluso dicen que al propio Doger como que ya se le volvió a subir el puesto en la cabeza, que ya camina como las gansas de la película Los Aristogatos (por cierto, un dato cultural, es muy buena la película, el gato Tomas O’ Malley es interpretado por Germán Valdez “Tin Tan”).

No me consta porque tiene mucho que no me encuentro personalmente al candidato. No obstante, caminar como una de las gansas de dicha producción de Walt Disney quiere decir que anda como muy confiado.

Internamente a Deloya lo quieren cambiar. Le mandan mensajes de que debe ser retirado de la candidatura a la Presidencia Municipal. Hay quien incluso se la pasa diciendo es que no levanta. Vaya, lo tratan como a José Antonio Meade o como a Ricardo Anaya que todos los quieren fuera de sus candidaturas.

Yo no sé si Guillermo Deloya sea el mejor candidato que pueda tener el priismo poblano, eso apenas se va a ver cuando arranque la guerra electoral y se confirme o no que existen acuerdos por debajo de la mesa entre el PRI y el PAN para que no arribe López Obrador ni nadie de Morena.

Lo que sí tengo claro es que desde la caída del PRI en el 2010, ese partido se ha convertido en una cena de negros (perdón, no es discriminación ni racismo pero es un término que usaba mi abuelita para cuando nos peleábamos mi hermano y yo).

En el 2010 todos engañaron (hasta él mismo a Javier López Zavala así mimso). Luego, los priistas se dejaron comprar por Rafael Moreno Valle y entregaron todo. En el 2013, Enrique Agüera fue víctima de muchos frentes que culminó con la extraña y nunca aclarada muerte del ex rector Samuel Malpica. Hay quien todavía señala a un personaje que es un lobo con piel de oveja, como autor intelectual.

En el 2016, Blanca Alcalá fue víctima de ella, de su equipo de campaña y de los propios priistas, entre ellos Juan Carlos Lastiri, que se hicieron a un lado y la dejaron perder a fin de que no se empoderara la ahora embajadora y su grupo se viera disminuido.

En este 2018 ¿habrá canibalismo en el PRI?

O la pregunta es ¿Por qué no habría de existir?

Mientras el priismo no tenga un líder nato, seguirá huérfano, haciendo lo que más les gusta: cobrar en las nóminas y vivir del presupuesto. El poder para los priistas, ya es menos importante, lo importante es la supervivencia económica. Se convirtieron en todo eso que tanto criticaron en el pasado: El Yunque.

¿Se acuerdan? El Yunque solo buscaba armar escándalo para que los compraran con obra pública y dinero. Eran como las mujeres divorciadas que saben mucho de los ex maridos: “si no me das te acuso”.

Mientras tanto, Guillermo Deloya tendrá que luchar contra los de adentro y los de afuera.

Le tocó la rifa del tigre.

Sólo se les olvida un detalle: es muy cercano a Osorio Chong.

Así que el canibalismo ya llegó a tierras poblanas.

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